SEGUIMOS CON EL CAMPO DE GOLF
 
Me parece fantástico que se haya establecido un debate en la página de El Maderal. O, por lo menos, un ligero intercambio de ideas. A mi particularmente me encanta debatir y también escribir. Y por eso sigo y seguiré en esta página abierta con el campo de golf hasta que el carrete se agote y a mi el tiempo me lo permita.

Una cosa importante primero: los del SACYL no atendieron a mi abuelo. Cuando hablé de ellos me refería al trato que le dieron a mi madre. Se atragantó con un trozo de carne éste verano y la hicieron polvo, no consiguieron desatragantarla y acabamos en Zamora, donde tampoco es que fueran mucho más hábiles, aunque sí más eficaces. Mi abuelo falleció en dos días, no tuvieron tiempo ni los del SACYL ni los de Zamora, de hacerle daño alguno. Un fallo cardiaco acabó con él en apenas 48 horas.

Me gusta escribir ordenadamente y hacer que se me entienda. Escribir, como pintar o esculpir, es un arte, que unos dominan más que otros. Cuanto más artista eres, más lujos puedes permitirte, cuanto menos, más hay que agarrarse a las normas. En los once años que estuve escribiendo artículos en las revistas me enseñaron que para que la gente te entienda es mejor escribir frases cortas, ordenadas y exentas, en lo posible, de subordinaciones. Lee “El Principe” de Nicolás Maquiavelo. Como sabrás, se trata de un libro de consejos, que Maquiavelo da, precisamente, a un príncipe. En el inicio escribe: “Este tratado no lo ocupan las grandes cláusulas o las palabras ampulosas, retóricas y atractivas con que muchos suelen engalanar lo que han de decir, porque mi intención ha sido que no exista más pompa y adorno que la verdad de los hechos y la importancia de la materia tratada en él”, es decir, que no utilizará frases largas, ni enrevesadas, ni tratará de lucirse gramaticalmente. Tan sólo pretenderá que él le entienda, porque lo importante de ese libro es el contenido, no el continente. No niego que puede tratarse de una ligera contradicción, porque la literatura es en si el cómo, no el qué. Ya dijo Mario Vargas Llosa que la diferencia entre “Cristal” y “Madame Bovary” es Flaubert. O sea, entre una mierda y una obra de arte, lo que cambia es cómo se escriba el texto, no qué se dice en él.

Lamento tener que decirte, Alfonso, que tú no eres un artista de la literatura, eso es obvio, como no lo soy yo ni la gran mayoría de los mortales. Sólo unos pocos pueden decir que lo son. A algunos ya los nombras tú, otros, aún vivos o muertos hace poco, nos dejaron y nos dejan textos que, a veces, tienen, si así te gusta más, oraciones subordinadas, frases de un párrafo entero (Antonio Muñoz Molina en “El jinete polaco”, Francisco Umbral en “Madrid 650”, o Eduardo Haro Tecglen en sus muchos artículos el El País, como algunos ejemplos contemporáneos que yo haya leído) La diferencia es que ellos dominan o dominaban la técnica a la perfección, y son capaces de empezar una frase por La Coruña y terminarla en Almería sin que pierda sentido, embrolle las ideas o despiste al lector. Tú no eres capaz de hacerlo y, por eso, si me lo permites, te lo reprocho, ya que resulta muy difícil entender lo que escribes con tal laberinto de información entre citas, autores clásicos, verdades absolutas y retintines, todo ello envuelto en oraciones subordinadas, sí, oraciones y párrafos que acaban haciendo una paradoja (cuando se hacen más de una se dice paradojas porque son varias, eso se llama plural) lo cual significa que lo que dices al principio se contradice con lo del final o, sencillamente, la idea inicialmente expuesta no se resuelve por ningún sitio.

Escribí en el libro de visitas sobre el campo de golf algo que llevo mucho tiempo pensando, independientemente de que ahora, con la construcción del campo, me haya venido mejor decirlo. Nada tiene que ver que mi padre salga a relucir o no. Él y los que han promovido el campo saben que en el pueblo hay quien lo critica y a quien no le gusta. Perdona que no haya sido capaz de entender en tu texto que a ti sí te parece bien. Probablemente parte de la culpa por no entenderlo sea mía, si bien un buen maestro que tuve en mi época de periodista me dijo que si alguien te dice que no ha entendido algo que has escrito la culpa es tuya, no de él. Éste hombre se llama Eduardo Azpilicueta y es Subdirector General de Información del Grupo Editorial Motorpress Internacional (1.500 personas en plantilla y 300 publicaciones en seis idiomas distintos). Cuando me lo dijo era el director de Autopista, mi jefe. Le hice caso, allá por el año 1990, y me fue mejor.

La política en el asunto la metiste tú, Alfonso, no Vicente ni yo. A mi la política me gusta, ahora un poco menos, es verdad. Lo que no me gustan son las ambigüedades, siempre relacionadas con la cobardía, otro defecto que desprecio. Hay mucho ambiguo en El Maderal. Y también en la red. No creo que Vicente necesite un abogado como yo (que no soy abogado), ni que su texto se parezca al NO DO. Dije lo que creía en el artículo anterior, que a ti, como a otros del pueblo, no os gusta el campo de golf, y que el motivo es que lo ha hecho alguien que no os cae bien o no es de vuestra cuerda. Eso es lo que creo, y eso es lo que parece en tu, para mi, difícil de entender, texto. Me alegro de que aclares que no es así, que te encanta y que te parece muy bien. Tomo nota.

Para finalizar, Alfonso, debo puntualizar algunas cosas que ya no entran en el terreno de la opinión, sino de la cultura. Hace tiempo que no te sigo la pista, no se que haces ni a que te dedicas, de modo que te escribiré como lo que eres, un desconocido.

Si miras en el diccionario de la RAE podrás ver la palabra política, que deriva del latín politicus y, ésta, del griego politikós. Éste término fue ampliamente utilizado en Atenas a partir del siglo V antes de Cristo, en especial gracias a la obra de Aristóteles a la que hice referencia. Politikós, en griego, significa ciudadano, civil, relativo al ordenamiento de la ciudad. Busca en un diccionario enciclopédico y lo verás. Si lo miras en la RAE encontrarás una descripción que dice: “Dícese de quien interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado” Creo que coincide bastante con la descripción que yo di.

El verbo saber, tienes razón, puede ser reflexivo, aunque siempre se usa para frases muy concretas, como saberse la lección. Saberse ganar a la gente, disculpa la corrección, queda fatal y eso me confundió.

La paradoja, como anteriormente he escrito, es una contradicción, también descrito en el diccionario de la RAE. Y el titular en un artículo debe definir lo más posible la idea central del mismo. Algo que no sucede en el tuyo. Por lo demás, te aconsejo, si me lo permites, que durante un texto te refieras a la persona mencionada por el nombre o por el apellido; utilizar los dos constantemente queda mal, incluso es de mala educación, algo así como escribir en mayúsculas.

Todo esto del dichoso campo de golf y de la mentalidad arcaica y neolítica de algunos maderalinos ha derivado en una conversación de estilo literario. Para aclarar aún más las cosas te daré información mía que me parece importante. No fui gran estudiante: me retiraron los curas antes de tiempo. Trabajé desde 1989 y hasta 2000 en una editorial que publica, entre otras, revistas del motor, donde yo probaba coches y escribía los artículos. He leído siempre mucho y me ha gustado escribir lo que pienso, como a mi abuelo Raimundo. No soy un erudito ni un estudioso de la literatura, pero se apreciar un buen texto. Me gustan algunas cosas que escribes en la web (las he leído casi todas) en especial el texto que titulaste “El cura pollero”. Otras no. Y es que, como antes he dicho, utilizar recursos que no se dominan y abusar de las citas (más de citas de autores tan antiguos y que muy poca gente conoce y menos ha leído) resulta un tanto prepotente y hasta falto de elegancia, aún en el caso de que realmente se conozca a esos autores y se les haya estudiado con la suficiente intensidad como para utilizarlos al documentar una idea. Es posible que tú seas de esos pocos que domina y comprende a los clásicos y que, por tanto, se sienta autorizado a utilizarlos para justificar y ampliar ideas propias, aunque éste pobre ignorante lo dude.

Espero poder seguir conversando e intercambiando ideas contigo no sólo aquí, sino en el ahora tan nombrado pueblo, un día que nos veamos.

Feliz Navidad a todos.
 
Roberto Matías
Diciembre de 2008
 

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