He leído con atención la bucólica y arcádica situación de la Villa del Maderal que Vicente, el de Conchita, describe sin rubor y con una pluma aceptable. Yo soy de los que disfrutaría enormemente de las instalaciones deportivas que tiene ahora el Maderal, incluido el tantas veces ironizado campo de golf, pero no puedo hacerlo porque tengo un problema discal, cuya ira, primero en forma de lumbalgia, y luego en forma de ciática, no quiero despertar.
Yo no voy a usar mi tintero para hacer borrones sangrientos y atacar a Deme, aunque ella sea de derechas y yo de izquierdas, más bien haría lo contrario, es decir, ensalzaría a esta mujer. Esto de atacar a Deme con mi pluma yo sé que le gustaría mucho a algunos, pero no lo voy a hacer, porque la familia de Deme y la mía siempre se han apreciado. Ella intenta hacerlo lo mejor posible, igual que si estuviera otro en la alcaldía. Todos sabemos que en el Maderal rigen dos leyes, una ley ancestral, la del clan familiar y círculo de amistades para la alcaldía, y otra moderna, en la que en las autonómicas y las generales, gana la izquierda. Yo, de todas formas, disfruto más leyendo una buena novela, un poema o asistiendo a una representación teatral, actividades que son para mí habituales, que visitando el ruedo de la política, aunque el “súmmum” del disfrute de las “imágenes del alma”, como llamaba Aristóteles a las palabras, me es dado por las musas cuando escribo y me convierto en creador. A mí, como a Bécquer, me gustaría doblegar el rebelde y mezquino idioma.
Yo tengo algún amigo de derechas, y hay compañeros de izquierdas que no quiero ver ni en fotografía. A mí me dice primero lo que yo creo ver de humano en una persona. Ahora bien, a Rajoy, al enanito de Aznar, a Trillo, a Esperancita y su compañía de monaguillos del Opus y otras hierbas zampaostias, de sobra saben aquellos que me han leído un poco, que, intento quitarles la roña, que reportan de los sobacos de la historia de España, con un estropajo que raye bien.
Retornando a esa especie de mundo paradisiaco que se pinta del complejo deportivo de Trasoto, Vicente usa la mano izquierda, aunque él sea de derechas, es decir, pone en práctica la diplomacia para consolidar su opción política como promotora de tales logros, de esa manera, plantea argumentos para defender su tesis, argumentos tan socorridos como el lado altruista y desinteresado de ser humano, y el deporte como instrumento para prevenir hábitos perversos en la juventud. No va desencaminado nuestro autor aquí, bueno, la ayuda de Emilio a lo mejor es menos altruista, pues no deja de ser un funcionario municipal que tiene que cumplir con su horario. Si se menciona a Emilio, hay que mencionar también a “Pituso”, que como Emilio, este verano fue otro altruista a la fuerza.
El altruismo de Diego y Raimundo, sí es cierto, yo ya lo conocía de cuando hicimos la vieja pista de tenis del frontón donde pasamos jugando tardes y tardes inolvidables del verano, en tiempos de la Bodeguilla. Aure el de Ana la de Filo, padre de Rafa, y de Aure y David, quien trabajó altruistamente de locutor conmigo en la cadena “Estar” a veces hasta con micrófonos olfativos, seguro que recuerda cómo sudábamos la camiseta entonces en una pista totalmente altruista y casera. El altruismo de Carlos, desde siempre ha estado fuera de ninguna duda.
Lo que quiero que se entienda en mi escrito, es que el motor de la política en el Maderal y en la Conchinchina, es la diplomacia, o sea, el saberse ganar a la gente. El refranero español es muy sabio y dice: “La mujer del César no sólo tiene que ser honrada, sino que tiene que parecerlo”. En ese “parecerlo”, que es la diplomacia, es donde entra el escrito de Vicente como artículo de opinión política encubierto, pues defiende un ideario ideológico determinado como artífice de logros, en este caso, deportivos, aunque vuela en el escrito un intento velado de justificar el campo de golf como algo positivo ante los ojos extrañados de muchos ciudadanos de la Villa, seguro que porque, como bien reconoce implícita y explícitamente el propio autor de artículo, la ironía y el chiste, cuando no la mofa, sobre dicho campo, han sido moneda de cambio al menos el verano pasado. Una cosa como “El Campo de Golf de Trasoto”, llamémosle así a modo lepeño, no necesita defensa, porque es buena y democratiza un deporte tradicionalmente elitista. La otra tarde disfruté, antes de venirme para Madrid, yendo a buscar al sobrino que estaba jugando al golf en Trasoso con otros de su tiempo. Como en tantas otras cosas, el Maderal vuelve a ser pionero, superando incluso a Zamora, sin campo de golf, donde sé que hay mucho mangante, sobre todo en la sanidad pública o Sacyl, con quien, por desgracia, estoy litigando con un abogado de aquí de la Capital del Reino en los tribunales de Valladolid, deporte éste del litigio, también un poco elitista, en contra de lo que dice nuestra Carta Magna, y que no aconsejo practicar a los pobres de espíritu.
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