Es El Maderal un lugar singular. Allí tengo amistades y familia. Algunas de las primeras desde hace más de 30 años; como pasa el tiempo. Tengo especial afecto por David Carvalho (barcelonés de nacimiento y maderalino de adopción), Javier, Carlos y Camino Vaquero, y Jose (el de Petra). Me acuerdo de mis veranos, Navidades y Semanas Santas en el pueblo, de la bici, de las travesuras, del frontón, de las noches de paseos por la entrada del “prao”, de los bailes, de las bodegas, de las fiestas y de los toros (los de allí y los de los pueblos vecinos) Cuando voy a ver a mis padres me gustaría permanecer más tiempo. Me gusta la tranquilidad y la calma, el aire puro y la sensación de intemporalidad.
Cuando voy, como la vida social es reducida, por lo reducido del pueblo, sólo con bajar al bar veo a todo el mundo. El bar de Mariano es ahora el punto de encuentro. Antes había que pasar por “La Bodeguilla” de Alfonso y su familia, por el bar de Felipe y por el de Mercurial, ahora de Mariano. Ahora es más fácil, aunque, por el contrario, si no vas al bar es difícil ver a todos y participar en lo que, una vez entras en el circulo de los viejos amigos, te traslada a un mundo distinto y, como digo al principio, singular. En mi opinión no has estado en El Maderal si no has merendado en una bodega (merienda que se confunde con la cena) donde, además de merendar, se habla, se juega y se bebe, por supuesto. Yo no bebo, pero disfruto igual.
Tengo mucho cariño al pueblo, y más ahora que veo como mi padre disfruta a tope de él. Cultiva y cuida su finca, arregla la casa poco a poco, participa con los amigos en asuntos deportivos y, con todo, alarga su vida, porque vive sano. También admiro y aprecio a la mayoría de sus habitantes. Algunos sin saberlo son cultísimos. Utilizan un vocabulario (del cual hay buena muestra en esta página) casi olvidado, pero correcto, preciso y claro. Saben del campo y de animales, son trabajadores, ahorradores y van a lo suyo. Estos días en los que he escrito alguna que otra crítica quizá haya cometido el error de transmitir sólo lo negativo, y lo lamento. Lo malo se ve más y hace más ruido que lo bueno, entre otras cosas porque se suele hablar poco de esto último y mucho de lo primero. Sin duda he caído en ese error cuando he escrito las opiniones anteriores. Sólo el paseo en bici que me di el día siguiente a año nuevo por el término, incluyendo La Plana, los pinares y el propio pueblo no hay dinero que lo pague. El silencio, el ambiente limpio, el olor a invierno, los colores y los recuerdos de cuando era niño no tienen precio. Me gustaría haber pasado más tiempo con lo amigos. No pude ver a Jose y sólo fui espectador de unos lances de tute en el bar. Desde aquí mando un saludo y un abrazo a todos y pido disculpas por los excesos cometidos.
Feliz 2009!
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