LOS MÉDICOS TAMBIÉN SE CAGAN
 
       Todos sabemos que los bebés no controlan sus esfínteres. Hay un tipo de enfermedades relacionadas con la incontinencia, cuando ya no se es bebé, sino adulto, que no huele físicamente, pero rezuma mierda lo mismo: “Los médicos también se cagan”. El acojonarse es propio de la raza humana, los médicos pertenecen a la raza humana, por lo tanto, los médicos también se acojonan. Este juego de lógica es tan cierto como que existe la metonimia, porque un médico puede llegar a convertirse en un matarife acojonado.

       En Fuentesaúco, en el centro médico “La Guareña”, hace poco, me he enterado por una prima mía, que una vecina suya, ha comprendido por qué a su padre lo ha tratado ese centro médico como si fuera un dios. Hasta aquí todo va bien, aunque el dios siempre debería haber sido el paciente, y el médico, su sirviente, pues quien le da de comer al galeno, y a su familia, es el paciente, el enfermo. Si no hubiera enfermedades, no habría médicos. Esto que es obvio, lo del sirviente y el dios, es una realidad poco asimilada entre los usuarios de la sanidad, que tienen mucha culpa de que sea al revés. En lo de que si no hubiera enfermedades, no habría médicos, baste recordar cómo las enfermedades, que no sufrían y que le llevaron nuestros colonizadores a los hombres de América, diezmaron su población considerablemente. Eso sí, nos trajimos la patata, el cacao, el tabaco, y sobre todo su oro y su plata, estos metales preciosos, en realidad, lo traíamos para los prestamistas genoveses. Éramos la rimbombante civilización que imperaba entonces, como ahora lo es la yanki, y antes de ésta lo fueron la francesa y la inglesa. Los cristianos éramos muy cristianos “judioconversos”: no sólo hacíamos más pobres a otros seres humanos a los que Jesús de Nazaret había hecho libres, sino que además los esclavizamos, los humillamos, y los elevamos a la categoría, poco menos que de bestias. Aún hoy día, parece ser, que la justicia y la igualdad, son utopías. La emancipación y la independencia de aquellas colonias, a veces, no tienen que ver nada con que el nivel de vida del ciudadano aumente en libertad.

       Hoy día en España, receptora como todos sabemos de emigración galopante, se han alcanzado cuotas de bienestar inusitadas. Aquello de… “Que inventen ellos”, que decía el insigne inventor de ideas que era Unamuno, ya no tiene sentido, porque ya no sólo inventamos nosotros, sino que también hemos encauzado el desarrollo del que se quejaba “EL Rector”. Esto no quiere decir que ya esté todo hecho y a dormir la siesta, pues a nuevas circunstancias, nuevos problemas.

       Yo, personalmente, como ciudadano libre en una sociedad adulta, ejerzo de tal expresando mis ideas sin ponerle a nadie la pistola en la nuca, lo hago sólo con la palabra. “Tristes guerras, si no son armas las palabras”, dice Miguel Hernández. “Pido la paz y la palabra”, dice Blas de Otero. En esta idea de la palabra habito yo y habitan mis circunstancias. En la idea de que sólo “la palabra” debería ser la única arma del Hombre, deberían habitar todos los hombres, sobre todo los gobernantes. No niego que a veces una palabra duela más que un puñetazo o una cornada, pero las palabras nunca matan ni hacen sangre. Matan los fusiles, los puñales, las bombas atómicas, y demás ralea. Siempre existe la posibilidad de contrarrestar una palabra amarga con otra que lo es más, y una palabra tierna con otra que lo sea más aún o al menos igual. No voy a entrar en cuestiones tribales de que si fulanito o fulanita murió o no de amor porque fulanito o fulanita le dijo que no estaba enamorado de él o de ella. Uno sólo muere cuando su corazón da el último latido. Por ejemplo, el corazón de mi adorada madre dejó de latir porque hubo un su último latido. Que ese último latido de mi madre debería haber sido el último, o no como creo, es por lo que yo le he declarado la guerra al centro médico “La Guareña”, no a la medicina en general. Cada cual que aguante su vela, pero el que la hace, que la pague, que yo no estaba en guerra y a mi madre le han disparado por la espalda, como hacen los traidores, y, “Aquí no se salva ni Dios”, porque como también dice Blas de Otero, “lo (la) asesinaron”.

       Como ya dije en mi anterior crónica, titulada “Cuatro medicuchos y su diagnóstico magistral”, escribía con parcialidad emocional, ahora lo hago con parcialidad parcial e imparcial, pero en este caso, usando concienzudamente la emoción y mi pluma más asaetada. Lo que yo he sufrido y sufro, yo sólo lo sé, lo que yo escribo y digo, también lo sé, pero también sé que pertenece a la sensibilidad del lector, al cual algún día, lo mismo que a mí, se le pueden poner madres, hermanos o primos enfermos. Pues que tenga muy en cuenta mi lector, lo que le digo cuando los visite un médico, quien no es otra cosa que alguien al que se le paga para que cumpla, y no alguien que puede dormitar, como poderoso oso, con la grasa de nuestros impuestos.
       Tolerar la infamia es una cosa, estar dispuesto a tolerarla otra, y no tolerarla, es lo que procede. Ya sé, igualmente, que estoy hablando implícitamente de la gran complejidad que poseen el cuerpo y mente humanas, pero ya dije al principio que si no hubiera enfermedades la profesión médica no tendría sentido, sin embargo, por ejemplo, la “Cardiopatía Isquémica” es más común en nuestros días, por desgracia, que las setas en otoño. De todas formas, mi madre se podía haber muerto de “empacho”, como dijeron el primer médico y los dos sucesivos, ya que la disnea severa que tenía, después de tres días infartando, hubiera ocultado lo que en principio debió ser un amago de infarto. Las células de mi madre, y en especial las de su corazón, iban muriendo poco a poco por falta de oxígeno, con una tranquilidad… pasmosa, ¡como era un empacho y tiempo de setas indigestas!
       Todo comenzó la mañana del 30 de octubre, cuando mi madre llevaba unas flores al cementerio, para depositarlas en las tumbas de sus seres queridos y sintió un gran cansancio. Después de ser visitada por tres médicos distintos durante tres días, a las 0,15 horas del día dos de noviembre, llamo yo muy preocupado al mismo centro médico al que pertenecen esos tres curanderos, porque mi madre me dice que se asfixia acostada, y se pone al teléfono el último de los curanderos, que por cierto ya lleva al menos 48 horas de guardia, y, me dice, que no viene porque ya ha estado el día anterior y la paciente se encontraba bien. A las 2, 30, dado que mi madre se asfixia de verdad, le digo que se vista que nos vamos a urgencias de Zamora. En un pueblo llamado Argujillo me replanteo la decisión de Zamora y nos presentamos en el centro de Fuentesaúco “La Guareña”, ya que pienso que Zamora está más lejos, a lo mejor no llego, y se me muere en el camino, pues lo que ella necesita era oxígeno. ¿Le pusieron ustedes oxígeno, amigos lectores? Estoy seguro que no, pues en Fuentesaúco, “non plus”. El médico de guardia, o mejor la enfermera, le hace un electrocardiograma. El médico, Don Marcos Cuadrado Cuadrado (los apellidos lo dicen todo), lee el electrocardiograma. La enfermera ha salido un momento. El curandero se quita las zapatillas de andar por casa y se está poniendo los zapatos para acompañar a la enferma en la ambulancia que está a la puerta, pero en esto entra la enfermera y le dice que qué hace, que el hijo va a ir detrás de la ambulancia de vacío, pues que lleve él (el hijo) a la paciente. Salgo zumbando para Zamora. En el volante que me da Cuadrado Cuadrado para urgencias de Zamora, éste elemento refleja que la paciente tiene una “Taquiarritmia Ventricular” y una saturación de oxígeno en sangre O2 del 74%, este cuadro clínico resulta, una vez que me he informado, que es el paso previo a morirte. Esto lo escribe Cuadrado, pero es todavía más gorda, dado que el electrocardiograma refleja taquicardia, pero no tan grave como la ventricular, porque la ventricular es para quedarse en el sitio. De todas formas, cuando llego a Zamora, a las dos horas, se me informa por la portavoz del equipo de la UCI que el infarto que tiene mi madre ha entrado en “Shock Cardiogénico” y que puede morir en cualquier momento, lo que quiere decir que prácticamente todas las células de su corazón están muertas, y por supuesto, ella también. Después de tres días consiguen estabilizar a la paciente dentro de la extrema gravedad, pero no me dan ninguna esperanza. Yo ya había enviado una carta de denuncia al Gerente de “Atención Primaria” de Zamora y al coordinador del centro médico de Fuentesaúco, y al parecer estas cartas, o sea, “las palabras”, tienen efecto hasta en la UCI, donde se prueba con mi madre, por primera vez, el Simdax (Levosimendan), que es un medicamento de última generación en cardiología. Ninguna queja con los médicos de la UCI zamorana, le hicieron a mi madre fibrinolosis y todo lo que estaba a su alcance.

       Ahora me entero por mi prima, ya tenía algunas noticias llegadas a mí por otros canales, que en el “Centro médico La Guareña” andan firmes, alguien los ha llamado al orden. La vecina, que es de Fuentesaúco, cuando le cuenta mi prima lo ocurrido con mi madre, se lleva las manos a la cabeza y le dice que ahora entiende por qué han tratado a su padre tan bien. Resulta que el padre de esta vecina de mi prima va al centro médico “La Guareña”, porque siente no sé qué tipo de molestias, allí lo examinan con lupa y lo mandan para casa. A las cuatro horas de mandarlo para casa, suena una llamada en el domicilio del paciente procedente del centro médico, para interesarse por su evolución, y al día siguiente, sin que nadie lo llame, se presenta en su domicilio un médico del mismo centro para auscultarlo concienzudamente.

       La pregunta es, ¿Cuánto tiempo en ese centro médico, antes de dormitar de nuevo, van a continuar atendiendo de verdad sus galenos a los enfermos, como tenían que haber hecho antes, y les ordenaba y ordena que tienen que hacer siempre la Constitución y su código deontológico?
       Amigos míos, sigo confiando en la medicina, pero menos. Sé que hay muy buenos profesionales, incluso en el centro médico de mis entretelas de Fuentesaúco, pero avivad el seso y despertad, no sea, que como me ha pasado a mí, os coman la merienda y os caguen en el morral, y entonces digáis, demasiado tarde, ¡Qué razón tenía aquel huérfano!
       De todas formas, me queda la vía judicial y protestas por un tubo a los responsables del Sacyl, pero a mí madre, ya no me la devuelve nadie, sólo sé, que lo que el médico erra, desde mi punto de vista, no lo tapa del todo la tierra, y que todo cerdo tiene su San Martín. Os animo a desenmascarar cerdos u osos grasientos y dormilones.

       Como el señor gerente de Atención Primaria de Zamora me agradece que como usuario de la sanidad pública le haya planteado mis quejas, para así mejorar el servicio, me voy enterar si continúan en sus puestos Don Marcos Cuadrado Cuadrado y Don Jesús Andrés Benito, este último fue quien le negó auxilio a una enferma con disnea severa. Si es así, y dad por seguro que continuarán en sus puestos, entonces continuaré quejándome, pero a un estamento superior, y si me acabaren los estamentos, me nombraré a mí mismo estamento superior, y no dejaré de bombardear a los 4 maletines malditos y a otros entrometidos que se pongan a tiro protegiéndolos. Lo haré arropado por “La Constitución del 78”, que consagra, como suprema sacerdotisa, la libertad de expresión, aunque como podéis ver ya estoy haciendo uso de Ella. También me remito al artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

       Si es normal que, un médico que le niegue auxilio a una enferma que se asfixia literalmente, y que, otro que escribe que la paciente tiene una “Taquicardia Ventricular” y una saturación de oxígeno en sangre O2 74%, repito, si es normal que sigan en sus puestos sin más, entonces quizá sea el momento de empezar a pensar que hay algo muy podrido en el Sacyl y una ofensa muy grande a mi inteligencia y a la del resto de usuarios. El que entienda algo de código deontológico médico y de medicina, sabe del disparate y la negligencia que significan, respectivamente, negar auxilio, y mandar en un coche particular, teniendo una ambulancia a la puerta aparcada (la paciente necesitaba UVI móvil), a una paciente, que es fácil que con ese cuadro clínico, dé dos pasos, y caiga redonda.

       No os aburro más, de todas formas, cada uno es muy libre de opinar lo que quiera, e incluso de no leer esta crónica. Yo sólo trato de despertar conciencias. Os aconsejo que le levantéis la voz, educadamente, pero con firmeza y sin sumisión, a los médicos, porque algunos muerden la mano que les da de comer, y hacedlo antes de que os toque la lotería negra, como le tocó a mí madre sin darle la oportunidad de tener un tratamiento adecuado ni de poder salvarse rompiendo el número que la condujo al cementerio. A cien metros de la casa de mi madre en el pueblo, estuvo una máquina del Sacyl, que ahora se usa más a menudo y que se supone que antes también era para hacer electrocardiogramas, durante tres días, muerta de risa. Es como si tuvieras sed a la vera de una fuente, y un fornido bruto cuadrado, ignorante, te impidiera beber porque pensara que lo que te ocurre es que tienes asma en el dedo índice.
       Recordad que no se sabe dónde salta la liebre, pero estad preparados por si salta, ése es mi último consejo y con él, cuento contando, concluyo la crónica.
 
Alfonso Toribio
Enero de 2007
 

© Villa de El Maderal (Zamora) - 2002/2010 - www.elmaderal.com