La LIBERTAD con mayúsculas no tiene límites, y normalmente va unida a la búsqueda de la JUSTICIA. Ella, LA LIBERTAD, no ensucia a nadie. Sólo se corrompe cuando choca con la libertad del otro y alguien quiere hacernos ver que únicamente hay una verdad, la suya. Eso ya no se llama libertad, porque coarta o limita otra libertad. La libertad no impone nunca nada, trata de convencer con argumentos al otro, quien a su vez, hace lo propio. De este confrontar de ideas nace la esencia de la libertad.
La libertad de expresión es la plataforma sin la cual el hombre vive en una cárcel a pan y agua. Hoy día son los partidos políticos quienes aglutinan las diferentes sensibilidades, con sus ideales y sus pocas utopías. Yo quiero romper una lanza por los políticos, tan denostados en la sociedad actual. Pero no la rompo por todos los políticos, ya que existen algunos de ellos, que de honrados tienen lo que yo de cura. Se trata de esos caciques o politicastros que usan el poder o un cargo determinado para maquinar influencias perniciosas o meter la mano en el dinero de todos. Ese tipo de individuo denigra a su propia clase y al político que todos llevamos dentro, y digo político que todos llevamos dentro, porque como decía Aristóteles, “El hombre es un animal político”, pues cualquiera debe criticar o comentar cosas de “La Polis” o de “La Rex Publica”, incluso cuando alguno dice alegremente que a él no le interesa la política. En el fondo este tipo de persona, o bien es un ignorante, y entonces se puede disculpar su actitud, o bien le está sirviendo en bandeja de plata, sobre todo al politicastro del que hablaba antes, su voluntad, porque toda decisión que se toma desde el poder le va a afectar de una manera u otra. Ser pasivo equivale a menospreciarse a sí mismo.
Ha costado muchísimo ganarse la libertad en este país, para que ahora no hagamos uso de ella y la metamos en un cajón. Sólo hay que echar un vistazo a la historia española del XIX y del XX, para quitarse el sombrero ante esos españoles que lucharon por la libertad, muchos de ellos cayeron en las calles o en los frentes defendiéndola o fueron carne de presidio de los que creían tener la sartén por el mango. Y es que los tiranos de turno poseyeron, violaron y prostituyeron el cuerpo férreo de la libertad y de la justicia, pero no su espíritu de cuerpo hermoso y esbelto de Venus naciendo del mar, que les quedaba ancho, pues siempre permaneció sin mácula y puro. Esa ralea de hombres cavernícolas, retrógrados y asesinos, han sido al final arrinconados en Occidente, y por supuesto también en España, aunque queden todavía ramalazos y añoranzas por ahí sueltos.
Pero nunca puede haber libertad sin justicia. Uno de los pilares fundamentales de la justicia debe de ser hoy día, y siempre, el acceso a la cultura de todos los ciudadanos, pues ella es la madre de la verdadera libertad. La cultura es lo primero que amordaza el tirano, y quiere para él solo el poderoso, porque ambos saben que les hace más daño la pluma que la espada, y tener controlados los medios de comunicación y que la gente viva en Babia les garantiza un control inestimable sobre la sociedad. El ejemplo del Sapo Iscariote, más conocido como Franco, es un ejemplo prototipo de lo que acabo de decir. La inmensa mayoría de los grandes cerebros de antes de la Guerra Civil se fueron al exilio, o fueron fusilados o encarcelados. Y en ese desierto de analfabetismo e ignorancia, en el que quedó sumida España en el 39, el dictador asesino y sus lacayos impusieron su doctrina de sangre y palio, y fue este último, el palio, que tenía una red nacional, el que le sirvió al régimen para proyectar su ideología percherona. El verdadero Jesucristo quedó arrinconado o convertido en una estatua de cartón piedra, y un ejército de sotanas manchadas o de cuervos, le daba de beber al español el cáliz negro de la miseria intelectual fascista y de la suya propia.
Hace poco hemos asistido a la aprobación de una ley que le da la posibilidad a los homosexuales de estampar en un papel su matrimonio. Esto ha escandalizado a muchos, que son los de siempre. Olvidándose de estas mentes anquilosadas en una cultura de sacristía, muchas veces perniciosa y que ha aprendido muy poco en dos mil años, hay que decir que negarle derechos a los homosexuales, que negarles su libertad, su condición diferente y su derecho a vivirla en una sociedad sana, es como no aceptar que el sol se pone todos los días. En la Antigua Grecia, verdadera cuna de nuestra cultura, la homosexualidad era vista como algo natural, y no por eso dejó de ser Grecia el pensamiento puntero del que arranca el saber de Occidente. ¿Es que ahora vamos a ser nosotros más papistas que el Papa negando lo que una cultura de las más importantes veía como normal? Me supongo que, para un homosexual, enamorarse de un hombre es como para otro hombre, normal entre comillas, enamorarse de una mujer.
Volvamos al concepto de libertad, a esa fuente de la que mana el verdadero sentido del hombre, volvamos a esa ráfaga de viento, única e insustituible, mediante la cual, el libre albedrío, el poder de elección de esto y no lo otro, hace del hombre un ser completo en su quimérica existencia.
La libertad ha sido cantada por grandes poetas y pensadores de todos los tiempos como el tesoro más imprescindible de la raza humana. Sin ella, el hombre camina por el valle de la sombra, y aquellos seres humanos que la sepan usar en todo su esplendor, sin mancillar su grandeza virginal, son los más afortunados y los verdaderos depositarios de su esencia.
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