La jarra de los quintos es la quinta esencia de una tradición pura. Todos los
años cuando menos lo piensas, ya en el baile de Nochevieja, te encuentras esa figura familiar
formada por un érase una jarra pegada a un quinto, normalmente, ambos, de ginebra con cocacola,
ofertándote ese trago límpido que no puedes rechazar y que sabes que sabe a algo más que a su
contenido etílico.
Hay siempre un respeto a ese cuadro, año tras año repetido, de la jarra y el
quinto, que simboliza el cenit de la juventud en estado puro, el cenit en el cual deberían
caber todos los sueños puros y frustrarse todas las tragedias, aunque mucho me temo que no
siempre será así.
El quinto quizá no percibe que su jarra porta toda la dignidad que posee el
ser humano a escala universal, únicamente porque se la ofrece a todos sin miramientos, ya que
el quinto olvida, en esos momentos, que existen buenos y malos, llorones y plañideras, guapos y
menos agraciados, fermosas fembras emparejadas o desdichadas declamadoras de San Antonio… da
lo mismo, y vuelve a dar lo mismo la condición de cada quien mientras la jarra gire y gire,
porque el quinto y su jarra uniforman en la igualdad, revisten al “Hombre” de una capa
entrañable de verdadera libertad, en la que el quinto quiere, quizá sin saberlo, que todos
seamos hermanos, y que amanezca, de una vez por todas, una verdadera filantropía con mayúsculas,
que a su vez demuestre que todos vivimos como el día que nacemos, es decir, como unos desnudos
desvalidos llorones, y además, desde ya, frente al árbol, como también diría Quevedo, cuya
madera nos servirá de mortaja y de pañuelo de polvo, pues vamos de la cuna a la tumba en menos
que canta un gallo, sobre todo si pensamos que “La Tierra” tiene cuatro mil millones de años,
la explosión que originó “El Universo” quince mil millones de años, y que lo que había antes
de la explosión tiene…
Bueno, hermanos, mejor pensar en la jarra del próximo año de los próximos quintos ¿No creéis?
porque el infinito parece estar más allá de las estrellas y del entendimiento humano, o quizá
más cerca de lo que pensamos, de todas formas, quien sepa algo, y lo pueda demostrar, que no se
lo calle y sea egoísta y nos lo cuente en este humilde foro que es la página del Maderal, a
ser posible con esa pedagogía tan clara de la rana Gustavo, que diría en la televisión
francesa:
“Mes enfants, Houjourd´hui même, nous allons parler de ce qu´on est proche et
de ce qu´on est lointain…”.
|