El último informe Pisa pone a los pies de los caballos una capacidad que es fundamental en el alumno y que le sirve de base para comprender el mundo y expresarlo mediante la lengua materna. Los alumnos en España, viene a decir el estudio, poseen un nivel muy bajo en comprensión lectora, o lo que es lo mismo, su competencia lingüística está sufriendo una severa mengua. Para un profesional de la enseñanza, aunque sea paradójico, lo que manifiesta dicho informe no es una novedad, pues lo constata a diario en el centro educativo.
Nuestro sistema educativo, en general, no sale muy bien parado del prestigioso informe Pisa, el cual se elabora cada cuatro años. Esto sí es explicable, porque un aspecto capital como es la educación no puede estar en tela de juicio de forma constante entre las diferentes posturas políticas. Hay elementos esenciales en cualquier sistema educativo que no pueden ser objeto de mercadeo político, pues se trata de formar personas, se trata de formar a los seres humanos que serán el verdadero capital de la sociedad.
Uno de los puntos flojos de nuestro sistema educativo es la merma paulatina que se ha ido produciendo hacia la figura del profesor, que ha pasado de ser una “autoritas docta” a ser a veces un pelele en manos de unos padres analfabetos funcionales, pero sabelotodo protegidos por el inspector de turno que a su vez en aras de la libertad y de la pluralidad estatal o democrática, le otorga derechos necios, al necio. La profesión de profesor con mayúsculas está por los suelos. Resulta que hoy en día, a veces, y esto de a veces lo matizo, sabe más el padre o la madre que quien está especializado en una materia.
El colegio, o el instituto de ESO sobre todo, no es más que un reflejo de la sociedad. A él viene el metal con impurezas, y la función del sistema educativo es quitar esas impurezas y devolver un metal puro a la sociedad, de manera que en ella unos serán cobre, otros bronce, otros hierro, y los más capaces, acero. Estos últimos, serán los dirigentes de la sociedad, intelectuales o políticos. Ya sé que el bronce y el acero son aleaciones, pero son aleaciones de metales puros, de hallazgos fundamentales para el hombre, que conllevan implícita una expresión simbólica y abstracta del saber y del ser que no está al alcance de todo el mundo.
El elemento fundamental, aunque pienso que siempre ha sido así desde la Antigüedad, hoy en día en la educación, es la pedagogía, es decir, el saber enseñar. De nada sirve que sepas mucho si no tienes estrategias para trasmitirlo. Un profesor, además de tener conocimientos, tiene que saber comunicarlos de forma eficaz en un contexto determinado. Eso que se dice de que cada maestrillo tiene su librillo, en la educación, no vale. El ser humano es de una complejidad inmensa, el darle los instrumentos en su niñez y adolescencia para que la desarrolle e intente desmenuzarla en su edad adulta, es la verdadera función de cualquier sistema educativo que se precie.
Yo no creo que los profesores finlandeses sean mejores que los españoles. Lo que sí creo es que sus gobiernos no cambian la ley de educación cada legislatura, como en España, otorgan más presupuesto al sistema educativo, y algo muy importante, admiten máximo 16 alumnos por aula; en nuestro país, brincar de 30 lebreles es lo normal, aunque a veces se puede llegar a cuarenta sin problema. El profesor español tiene más ronqueras que el finlandés, de eso estoy completamente seguro.
Comenzamos con LOGSE, siguió con LODE, y estamos en la LOE. A este paso nos vamos a quedar sin letras, pero lo único que no es de desear, es que nuestros futuros adultos, hoy escolares, se queden sin una herramienta fundamental para su desarrollo personal. No tener un dominio adecuado de la lengua materna es ser un analfabeto funcional, y esto que ocurra en ciertos padres que no tuvieron posibilidades, es comprensible y disculpable, pero que hoy en día con una escolarización obligatoria hasta los 16 años, se dé, con los medios que hay, no tiene sentido, y es una enfermedad grave, muy grave.
Se puede comprobar en este medio concretamente, es decir, en Internet, el nivel lingüístico de nuestro país. A Internet cualquiera puede acceder, pero claro, en el lenguaje verbal escrito es donde se ve claramente la competencia lingüística y comunicativa del emisor y cómo la lengua es usada, muchas veces, de forma impropia, cuando no agramatical. Yo he llegado a la conclusión de que el anonimato, el no dar la cara, el que no te conozcan, en definitiva, el esconderse, tiene mucho que ver con lo que yo llamo vergüenza subconsciente a la agramaticalidad, es decir, el no estar seguro en lo que se intenta comunicar. Esto se observa claramente cuando una intención comunicativa dada no se corresponde con su construcción sintáctica. Queridos lectores, a título de ejemplo de agramaticalidad y de analfabetismo funcional, observen este texto literal escrito por un anónimo en una web:
¿es tu seudónimo, me gustaria saber, si es posible, cómo fue la decisión de bautizarte con tal nombre?.
Me resulta preocupante cuando alguien se defiende diciendo que no es relevante escribir guardando la norma lingüística de la lengua, ya que entonces, propongo que le pongamos una bomba a la RAE y que cada cual hable y escriba como quiera. No, señores míos. No, estimados lectores, a quien se defienda de esa manera hay que desprestigiarlo, pues contribuye a que nuestros escolares imiten el modelo del vacuo del diablo analfabeto, por desgracia muy común en nuestra sociedad, y a que no superemos nunca los demonios negros y engreídos del analfabetismo funcional, precisamente en un país que se denomina a sí mismo la octava potencia económica mundial, que si bien sabe pensar muy espléndidamente en términos del poderoso caballero, no piensa lo mismo en términos de cultura, que es la mayor riqueza que puede poseer un ser humano a lo largo de su vida.
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