A LA ATENCIÓN DEL SEÑOR GERENTE DE SALUD DE ÁREA DE ZAMORA
 
       Ustedes ofenden, Don Jerónimo, mi inteligencia con sus actuaciones burocráticas y protocolarias. Yo vi y sentí en mis propias carnes, desgraciadamente, las verdaderas actuaciones de su estrafalario servicio de salud en la comarca de “La Guareña” en una enferma, mi madre. Ustedes, los del colectivo sanitario de Zamora, comerán el turrón con sus respectivas madres estas navidades, mi deseo, expresado de todo corazón desde mi pluma y las mismísimas entrañas del Hades, es que se les atragante mortalmente su dulzor a aquellos cuatro mangantes de la medicina que desatendieron a mi madre, para que Caronte los conduzca en su desolada barca, a través de la Laguna Estigia, a la orilla definitiva, y para que Cerbero los ponga a buen recaudo, ya que ustedes, los responsables de la sanidad, juzgan normales sus actuaciones. Les recuerdo que es un tribunal de justicia quien tiene la última palabra, y que la administración que ustedes representan es una convidada que yo con mi abogado he invitado a ser juzgada, y no, juzgadora desde la pantomima, hecho, que como dije, ofende mi inteligencia. Un enfermo debería ser lo más sagrado para un médico, pero parece ser que no fue así ahí, en “El Sarcófago del señor Purgón”, usando un tropo moderno para definir lo que se cuece en el centro médico de Fuentesaúco y por extensión en la Consejería de Sanidad, desde donde se permite que anticristos de la medicina o cleptómanos de la vida, disfrazados de médicos, como ocurre en “El enfermo imaginario” de Molière, deshonren la memoria de Hipócrates y pisoteen sus sagradas enseñanzas.
       Cómo voy yo a fiarme de usted y del colectivo que usted dirige cuando soy especialista en pragmalingüística y además conozco nuestro refranero cuando dice: “Son los mismos galgos con distintos collares”. Este refrán es un acto de habla que tiene una traducción muy clara: “Corporativismo”. Hay un ser vivo, no de carne y hueso, al que ustedes no le pueden poner “Primperán”, como hizo el insigne espadachín y curandero titular de Fuentesaúco, Tomás González Sevilla, para paliar las náuseas y vómitos de un infarto, que él, muy culto y preparado, llamó atasco de forma vulgar... se trata del artículo 20 de nuestra Carta Magna. Ahora soy yo el que pone las inyecciones y receta desde la lengua de Cervantes.
       Ustedes defienden y amparan que los tres espadas de la terna (el cuarto, ustedes ni siquiera lo mencionan en su informe) se salten protocolos médicos consolidados en su profesión, que además están apoyados por sentencias judiciales firmes cuando se contravienen. Lea esto con atención, señor Gerente:
 
Antijuridicidad:
Al margen de la falta de diligencia a la que se ha ido haciendo mención, pueden concretarse las actuaciones que debieron haberse llevado a cabo, en virtud de los protocolos médicos sobre dolor torácico agudo en lo siguiente :
El paciente NO fue sometido a pruebas diagnósticas oportunas, conforme al protocolo médico consolidado científicamente y de debido conocimiento en cualquier servicio de urgencia, sobre dolor torácico agudo, ni a exploraciones detalladas oportunas. Por lo tanto NO fueron suficientes, contando los facultativos de Atención Primaria que la atendieron con la oportunidad y medios para ello. Es decir, omitiéndose o no realizándose entre otras las siguientes pruebas (todas o algunas de ellas).
  • Toma de constantes ( TA, FC , Tº, FR, Sat O2, Bm test...9.
  • Realizar una Anamnesis adecuada y detallada.
  • Realizar una Exploración adecuada y detallada.
  • EGG de 12 derivaciones seriados o al menos de 6.
  • Analíticas de GOT, GPT , LDH, CPK, CPK mb, Troponinas, hemoglobinas y hematocrito seriados, mioglobinas…( Mediante solicitud urgente o derivación urgente).
  • Rx de Tórax PA y L( Mediante derivación urgente).
Solicitud del recurso UTIL al 061 o a quien correspondiese, vista la situación. (NO consta traslado del paciente en transporte sanitario vistas la condiciones clínicas del mismo.)”

       Esto por lo que se refiere única y exclusivamente al “dolor torácico”, que por sí solo, según la ciencia médica, y algunas sentencias judiciales en firme como ya indiqué, ya es motivo suficiente para barajar siempre, y así descartar o verificar la presencia de una cardiopatía isquémica, o infarto, que no cogido a tiempo, suele ser mortal de necesidad. Pero al añadirle a la dolencia ( también hay que sumar al despropósito una tensión de 15/10, valores anormales tampoco tenidos en cuenta) síntomas, también presentes en el infarto, como son los de cansancio extremo y náuseas o vómitos, me dice mucho de la Espada de Democles que tiene la sanidad de mi comarca sobre su cabeza cuando no se trata sólo de poner tiritas, y me dice también qué tipo de profesionales armados con primperán genérico y caduco, e ineptos, por supuesto, comen del pesebre de los impuestos. Mi opinión como ciudadano es, que si la Junta de Castilla y León no puede ofrecer un servicio de salud digno y efectivo, porque este servicio básico y fundamental en una sociedad desarrollada, contemplado en nuestra constitución del 78 en su artículo 43, le viene ancho, debería plantearse devolverle a la administración central las competencias en materia de salud pública, porque les hago saber que el “derecho de pernada” y la relación de vasallaje, han pasado a la historia, aunque no lo parezca, incluso en Castilla y León.
       Veo que han cambiado al gerente en la salud de área, por lo que deduzco que debe ser un cargo de designación política. Los que tienen que cambiar, son los modos, para hacerlos más cercanos al ciudadano. Usted, Don Jerónimo, qué opinaría del servicio de salud del Sacyl si un infarto no diagnosticado durante tres días, y que era un atasco según González Sevilla y sus dos infames compañeros, hubiera acabado con la vida de su madre sin darle una mínima oportunidad de tratarse adecuadamente y evitarle sufrimientos; qué opinaría si una aciaga noche, viéndose superado por las circunstancias y no entendiendo nada de medicina, pide auxilio por teléfono a su centro médico porque su madre le dice que se asfixia y el médico que se pone, léase el descabellador de la terna Jesús Onofre Andrés Benito, le comunica que él no va al domicilio de la enferma, ya que ha estado unas horas antes y aquella se encontraba bien, y te recomienda que la levantes y des paseos por casa con ella, qué opinaría cuando ahora ves que la enferma padecía una disnea aguda, provocada por el infarto, y que se estaba muriendo mientras ese tal Onofre estaba ayudando a que se diera un desenlace de “éxitus”, como reza vuestra jerga.
       No veo, como ya he hecho notar en un paréntesis de este texto, que en el escrito burocrático que ustedes me mandan, aparezca el informe del puntillero y rematador de faena apellidado Cuadrado, apellido que ni pintado le viene a este hombrecillo al que ustedes le permiten ejercer la medicina, pues cuadrada es su figura física y cuadradas son su deontología y epistemología médicas.
       Le informo que una vez que mi madre me dijo que se asfixiaba y Onofre ( en un relato literario que le dedico, lo llamo “galeno mercenario”, pues hace guardias de hasta 48 horas, que por supuesto, cobra) no quiso auxiliarla, la llevé al centro médico de Fuentesaúco, donde hacía guardia Cuadrado junto al pesetero de Onofre. Jesús Onofre, el muy cuzo, estaba escuchando detrás de la puerta todo lo que ocurría en la sala de consultas. Estas cosas, naturalmente, no figuran en los informes oficiales. No veo por ninguna parte, en el listado que usted me envía, el informe de asistencia sanitaria, si se puede llamar así, llevada a cabo por Cuadrado. A lo mejor me vienen a decir que es un despiste, y que lo lamentan, como cuando en un escrito que me enviaron llamaban a Florencia, mi madre, Filomena. Esto da idea de la sensibilidad y profesionalidad con que la administración del Sacyl lleva estos temas. Ahora no se me lista el informe de Cuadrado. Pues ahora, Don Jerónimo, se lo cuenta, es decir, le hace el informe, la parte perjudicada:
       “Cuadrado hizo un electrocardiograma, donde se observan alteraciones cardiacas por primera vez en tres días, alteraciones que él define primero como “Arritmia ventricular”, y luego como “Taquicardia ventricular” tachando “Arritmia” y escribiendo encima “Taquicardia”. En el mismo parte médico escribe que la paciente tiene una saturación de oxígeno en sangre del 74%. Según me informo posteriormente, un 94% ya es preocupante.”
       De esta especie de hombre temerario, al que ustedes le permiten ejercer la medicina en el Sacyl, colegas suyos de aquí de Madrid, se preguntan si es médico, y si lo es, si sabe leer electrocardiogramas, pues el electrocardiograma en cuestión refleja una gravedad extrema de la paciente, que unida a la saturación de oxígeno mencionada, sitúan al borde de la muerte a dicha paciente, de hecho, eso fue lo que ocurrió, pero sin el borde. Para poner la guinda a la tropelía llevada a cabo, desde y en “El Sarcófago del señor Purgón” durante tres días, ese gran profesional, del que no enumera usted ningún informe, se ofrece a acompañar a mi madre al hospital en una ambulancia que dormía el sueño de los justos a la puerta del centro médico, sueño que continuó durmiendo, pues, Cuadrado, después de cambiarse de calzado y disponerse a hacer lo que había dicho, cambia de opinión y de calzado de nuevo, y me manda a mí en mi coche con una enferma infartada, dado que retorna a la sala una enfermera, por cierto, bastante desagradable, impertinente y mandona, retorna digo, vociferando lo que le había encargado que vociferase el cuzo de Onofre:

-¿Pero qué haces, Cuadrado? ¿No ves que el hijo va a ir de vacío detrás en su coche? Pues que la lleve él.

       Esto que acabo de relatarle, que queda perplejo a cualquiera, pero que yo en el aturdimiento de la situación no discerní entonces, Don Jerónimo, lamentablemente es tan verdad como que el sol sale y se pone todos los días. Aquellos momentos vividos en aquella sala, yo, que conozco un poco nuestra literatura, si no fuera porque es tragedia griega y me toca llorar y lamentar, diría que se trata de un esperpento de la Calle del Gato, de una deformación de la realidad en la que los servicios sanitarios incumplen sus funciones, y ustedes, los cargos que tienen que velar porque funcionen dichos servicios, aplauden o se lavan las manos como Pilatos, por aquello de la confraternidad entre galenos.

       Para concluir, le diré, Don Jerónimo, como se desprende de mi escrito, que ya sólo me interesa lo que resuelva el “Tribunal Superior de Justicia de Valladolid”, por lo que pueden ustedes dar por concluido, mejor hoy que mañana, esta pantomima de expediente corporativista que escenifican tan torticeramente, y de paso dedicar los recursos que ahora emplean de forma fútil en ella, en mejorar los servicios sanitarios que por imperativo constitucional deberían prestarle a los ciudadanos de forma más profesional y adecuada.
 
Atentamente, Alfonso Toribio, hijo de la fallecida

 
NOTA ACLARATORIA:

       Ésta de más arriba es la respuesta que le doy a la Consejería de Sanidad del Sacyl, cuyo representante en Zamora, se llama Jerónimo García Bermejo. Les tengo dicho, de forma oficial y contundente, desde que presenté demanda judicial en los tribunales, hace más de un año, que cualquier notificación sobre el caso, se la hagan llegar a mi abogado, quien a través de poder notarial tiene plenos poderes para actuar en mi nombre.
       Pero nada, tienen que mandarme a mi domicilio de aquí de Madrid una carta que lo único que hace es hurgar en la herida y resucitarme el dolor y la profunda inquina que siento hacia ellos, esta última, la inquina, menos amortiguada, trato de controlarla, aunque mucho me temo que ya será eterna, sobre todo hacia los cuatro protagonistas de la película de terror que nombro en mi escrito.
 
Alfonso Toribio
Diciembre de 2008
 

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