Me lo han contado hace poco, que había muerto “El Peque”. Dicen que ya era una sombra de
lo que fue, si es que fue alguna vez algo y siempre entendiendo su vida dentro del mundillo rural del toro,
porque personas dignas de respeto somos todos, incluido “El Peque”, aunque haya individuos como Pinochet
que lo de persona lo tienen en el culo, por ser un poco suave con él.
Lo de “El Sanguinario de Los Andes” viene a cuento porque en esa época, concretamente en
el 75, 76, yo comenzaba a escuchar a Víctor Jara, Quilapayún, al gran Atahualpa, Dylan, Joplin, Pink Floyd,
y algunos más. Los escuchábamos y cantábamos sus canciones en mi bodega en magdalenas y agostos
inolvidables. “El Peque” era ajeno a todo esto, es más, creo que lo que de verdad le gustaba era la copla y
el flamenco.
Víctor Jara para mí era entrañable, y acabó con su vida el jumento asesino ése de
Pinochet. Luego se supo que el “métomeentodo” del yanki había preparado el golpe militar.
Todo eso al “Peque” le resbalaba, él quería ser torero. Era todo un personaje. Todas las
magdalenas venía. Y todas las tardes de toros en “La Plaza Mayor” del Maderal había un momento mágico, el
suyo:
- Va a saltar el toro “El Peque”- y se hacía el silencio y la mueca burlona en los tendidos.
Lo único que buscaba el Peque era unos durillos que le mataran un poco el hambre, y a ser
posible ganarse los favores de alguna moza que viera sus hazañas taurinas. Lo de la moza era menos probable,
pero no imposible.
“El Salto del Peque” era único, tan único como inverosímil, porque nunca quedaba de pies,
y se pegaba unos “barrigazos” y trompazos contra el suelo, entonces de tierra y por asfaltar de la plaza,
que yo no me explico como no terminaba reventado, perniquebrado, o sea, de todo menos ileso y danzando tan
campante en el primer baile de después de la corrida.
A la mayoría de los asiduos a nuestra página hablarle del “Peque” es como hablarle del
sexo de los ángeles, pero preguntad a vuestros padres o familiares y ellos os sabrán dar reseñas de él, que
llegó a ser un personaje típico y popular en las fiestas del Maderal, persona que ahora está saltando un
tipo de toro que todos tendremos que saltar algún día.
Yo
sólo os puedo decir que al entrar en portada de “Relatos de La Villa” donde estoy yo con
23 años, una guitarra, una faria y muy buena compañía, sobre todo femenina, el que está al fondo con un
palo y una camisa de cuadros blanca, ése es “Peque”. Ahí os mando la foto entera.
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