El Hombre desde que lo es, siempre está en conflicto. Si ese conflicto lo dirimiera machadianamente consigo mismo, habría menos sangre y menos violencia de todo tipo. Sin embargo, sus conflictos, el Hombre los resuelve al estilo de los cuentos de Borges: con la daga.
Un hombre asesinado era un ser vivo que al matarlo no sólo le robas sus recuerdos (como se dice en "Sin Perdón"), sino también los que ya no tendrá nunca. Y esa es la única cuestión intrahistórica relevante para el Hombre, que una vez que muere se acaba todo para él, sea rey o mendigo.
De Juana Chaos, por ejemplo, acabó con la vida de 25 personas que tenían recuerdos, que amaban y soñaban y tenían ideales como él, pero los suyos, según sus colegas y él mismo, eran más importantes: él luchaba por "La Patria Vasca", y todo el que pensara de otra manera diferente a la suya, decidió que no tenía derecho a tener más recuerdos ni a comer más "Tortilla Española".
Ahora el que no quiere, vivito y por su propia cuenta y riesgo, "Tortilla Española" ni alubias ni queso, es él, aunque sí le gustaba el marisco regado con champagne, perdón, se dice “con cava”.
Cuando un "ser humano", como última esperanza, se agarra a un clavo ardiendo, puede llamarse así, pues dignifica a su raza. Cuando 25 esperanzas asesinadas, yacientes frías bajo tierra, no pueden hacerlo, la cosa cambia.
La dignidad de un ser humano que le ha quitado la vida otro porque quiere, la perdió en el momento que decidió que su vida justiciera era más importante que la que quitaba. Ya no queda un "ser humano" dentro de él, queda una piltrafa con rostro macabro de ser humano.
|