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 Despedida con pena 
 

 
El 31 del pasado agosto terminó oficialmente el verano en el pueblo, en lo que hace a la estancia de los hijos del pueblo que habitualmente viven fuera de El Maderal, después de ese día pocos son los que quedaron, algún jubilado sin prisa y posiblemente sin ganas de marchar, y algún escolar que esperó hasta el último día de sus vacaciones para estar con sus abuelos y seguir disfrutando del pueblo.

Pero este año este 31 de agosto ha sido un poco más triste de lo habitual, este día fue el último en que permanecieron abiertos al público dos establecimientos comerciales con solera, que daban vida y servicio al pueblo, y actividad a la calle principal, la carretera.

Han cerrado la Carnicería y comestibles Rosa Mari y el Bar Felipe (casa Polo) .
 
       Carniceria Rosa Mari: fachada        Bar Felipe: fachada
 
Creo que pocos pueden ser en el pueblo, los que por una o otra razón no lo hayan sentido, aunque sólo sea por la vida que ellos daban al pueblo y porque no es bueno que se nos cierren industrias en el pueblo, que sólo nos quede un establecimiento de cada clase en el pueblo para nuestro servicio y disfrute, y no porque los que quedan no sean de calidad, ni mucho menos, calidad y servicio lo tienen, pero la variedad el poder de elección y la competencia siempre son buenos, no sólo para los clientes, sino para los propios establecimientos pervivientes.

Cerró Polo, cerró el Bar Felipe, ese establecimiento con solera, y con ello se convierte ya en historia el propio local y su vida profesional, desde los añejos años de la Sra. Isidora con su carácter abierto, campechano y franco, con su café de Bar Felipe: mostrador puchero "con brasa", su botijo de agua fresca de la fuente, la barra de metro y medio, el reservado de las partidas y la famosa cocina, donde se cocinaron tantas y tantas meriendas y juergas. En él vimos la primera televisión, que conseguía llenar el local a la hora de los partidos de fútbol, corridas de toros o festivales musicales.
Bar Felipe: Luisa con sus plantas Luego continuó Felipe, tranquilo y bonachón, que remodeló el local, adecuándolo a las necesidades y exigencias de los años 80, permitiendo que pidiésemos presumir de un bar de primera categoría, y momento en que ya empezamos a degustar los famosos callos que con mano maestra preparaba y hasta el último día preparó Luisa.
Se incorpora Polo al frente del negocio, dándole un giro más Bar Felipe: Alvaro sirviendo un vermouth moderno al negocio y haciendo del local un lugar de obligada asistencia, y que con ayuda de Loreto, hicieron que las tapas del bar Felipe fuesen algo sumamente apetecido, sobre todo los domingos después de que D. Tomás nos dejaba libres. Poco duraron los aires nuevos que Pedro y Alvaro trajeron al bar, los acontecimientos y circunstancias de la vida los han llevado a Valladolid, donde han montado su propio bar, que por ya existir uno llamado Maderal, se han tenido que conformar con ponerlo "La Villa" y ellos han arrastrado a toda la familia, razón por la cual se ha cerrado el bar Felipe.
Sentimos este cierre y la marcha de unos buenos conciudadanos, pero no podemos por menos de desearle que la nueva vida iniciada sea próspera y feliz, sólo le pedimos una cosa como a todo aquel que nos deja, que no olviden sus raíces, que no olviden a El Maderal.

Y justo pared por medio de Polo ha cerrado Rosa Mari, Carniceria Rosa Mari: mostrador en este caso por jubilación, no de Rosa Mari que a la vista está que no está para esas cosas, sino de Guillermo, titular del establecimiento, aunque el alma y vida del local fuese ella.
Carniceria Rosa Mari: estanterias
Nos quedamos sin periódico, sin pan de Argujillo, sin la buena carne, el mejor chorizo y las demás exquisiteces que allí se podían encontrar.
Carniceria Rosa Mari: comprobando los adobos
Lamentamos también este cierre y que Rosa no haya querido seguir, y que para matar el gusanillo se conforme con echar una mano a "La tienda de Rosa" ( hija) que goza de muy buena salud en Zamora cerquita de la estación de autobuses. Guillermo y Rosa Mari, a disfrutar la jubilación, y si os aburrís, prepararnos algún choricito o salchichón, de los que tanto tiempo os dieron fama.

Y en este capítulo de cierres, y aunque sea con unos meses de retraso, no podemos por menos de hacer mención al de Lola, que después de una veintena larga de años, en el pasado otoño, dejó de proporcionarnos su buena fruta, pesca y comestibles.

Repetimos nuestro mejor deseo para todos ellos en su nueva vida y que cada uno encuentre aquello que se propuso, nosotros sólo podemos decirle y desearle larga vida y SUERTE.

 
Vicente Vaquero, septiembre/2004