CRISIS
 
Alguien absolutamente afectado por los vaivenes del euribor, la bolsa, la falta de crédito, el paro y la crisis en general, yo mismo, escuchó a Zapatero el otro día en la SER. Todavía no sé lo que dijo. Seguramente porque no dijo nada. Un buen amigo periodista de esa misma emisora hace a veces balance conmigo de los políticos más recientes. Me recuerda a Solchaga, Guerra, Boyer e incluso a Aznar, para comentarme que eran personajes que en diez minutos te habían dado diez titulares. Estos se traducen como mensajes directos, información clara e ideas concretas. Lo contrario se llama Zapatero. Cansino, lento, cantarín, difuso, intrascendente, utópico y aburrido, Zapatero no da ideas, no ofrece mensajes, solo divaga, habla y habla sin decir nada y a los que realmente estamos en la papilla, los que cada día nos jugamos los cuartos y saltamos sin red se nos ponen de corbata.
 
Llegó por accidente y mientras la bonanza duró su idea utópica de las cosas nos hacía hasta gracia. Una vicepresidenta esperpéntica, mismo número de mujeres que de hombres (como si lo importante fuera el sexo), habla con todos (hasta con ETA), de paso les da permiso para presentarse a las elecciones y pillar la pasta gansa que los presupuestos del Estado les otorga, pasta que por su puesto usan para sus fechorías, se centra en cosas tan trascendentes como la memoria histórica, la educación para la ciudadanía y, con todo, como la marea económica mundial nos convierte en un milagro vuelve a ganar. Tampoco es que tuviera grandes rivales. Ya me gustaría haberle visto enfrente de un tal Gallardón. En su segunda legislatura nuestro Zapatero, hipnotizador de ovejas por vocación, riza el rizo.
 
La bonanza económica se convierte en cataclismo y claro, ese plantel de ministros y ministras para la galería nos deja a los que no contamos con un salario fijo, pero que debemos procurárselo a terceros, en pelotas. El ministro de economía pide a gritos la jubilación, cuando no el geriátrico, en Fomento tenemos a una semi analfabeta con graves problemas de dicción, una prole de féminas agresivas copan ministerios que aún no han sabido decirnos para que sirven, salvo para absorber una parte de los presupuestos (Vivienda, Igualdad, Ciencia e Innovación) Si éste último funcionase sería la leche. Y nuestro presidente en Babia. “Voy a exigirle a los bancos que den créditos” La frase es tan cómica que no sirve ni para un pie de foto, menos para un titular.
 
En el peor momento de la historia de la economía mundial nos toca un dirigente que cree más en la utopías que en las realidades. Que no valora la experiencia y que, por tanto, nos pone en manos de advenedizos/as, que da un poder que no merecen a las minorías nacionalistas (que nos traen de cabeza) y que nos engaña y engaña a sus colegas de otros países, con el mal que ello conlleva.
 
Cuando el mar es liso y el viento suave cualquiera puede llevar el timón del barco. Si aparece la tormenta más vale que los tripulantes sean expertos, mantengan la cabeza fría y sepan dar tranquilidad a sus pasajeros. El panorama tormentoso que vivimos nos coge con un capitán de agua dulce. Algunos como yo, expuesto a los vaivenes del velero, nos agarramos fuerte donde podemos y aunque ateos, nos da hasta por rezar.
 
Roberto Matías
Enero de 2009
 

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