¿Pero tú tienes padre, madre,
alguien a quien llamar amigo?
Tienes la cara de la bestia,
el rostro interno del insomnio eterno
que no pertenece a la raza humana.
Tu mano, garra de buitre,
sólo sabe otear la carnaza,
habitar el desierto del odio...
... Y amor en el tren...
los párpados aún pesados,
uno un libro, otro aún el sabor del café
en la comisura de los labios,
aún con el sabor del último beso
atrapado en el pensamiento
que quedó entre los barrotes preso.
Lluvia de hierro, rojo amanecer de un país
que le puso nombre a todo
y ahora se queda mudo
para calificar esto.
Dime canalla...
¿Tienes padre, madre o
alguien a quien llamar amigo?
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