El señor director de “El Mundo” es un hombre que en aras de su objetividad tiene por lema condenar todo aquello que le dé tufillo a izquierda. Esto no es nada extraño, se formó en la escuela del ABC. Es un hombre con mucho éxito editorial dicen, un todo terreno en eso del periodismo, pero al fin y al cabo, muy parcial y muy de andar en el hogar conyugal con bata y zapatillas. Su parcialidad lo lleva a convertirse explícitamente en abogado defensor del señor Zaplana, y a ponerlo, por eso, en la primera página de su diario el día catorce de mayo, domingo, día que tiene cualquier periódico una tirada mayor y en consecuencia más lectores; allí pone el notición, el bombazo informativo, allí donde el titular sea aún más visible, o sea, en la presidencia del periódico. No se trata de una noticia en sí misma, en realidad es la actitud interesada de un director de periódico frente a una información que días antes dio la SER. Es algo así como una actitud de guerra informativa.
Luego sucede que es una entrevista concierto “dominguerocacafónico” de banda municipal, que protagoniza el portavoz del PP en el Congreso en páginas interiores ¡Cuánto amor inextinguible entre JR y PP!, y todo para que defienda Zaplana su honestidad mancillada, aunque no sería el primero que mancille la del dinero de los impuestos. De todas formas, que hay políticos peseteros, lo sabemos todos, ocurrió muy cerquita de nosotros, y ocurre ahora con otros casos que están en la palestra. Si bien la de Zaplana podría parecer una comedia de Lope donde hay que restaurar el honor, por ahora no pasa de entremés mediocre con “gracioso” que hace de eso, de gracioso.
A mí me habían enseñado, o quizá yo lo aprendí mal, que las entrevistas no eran noticias de primera plana, y que en todo caso, estas, las entrevistas, aún siendo de personajes relevantes, se indican, como tales, casi a píe de página o en sitios menores, siempre secundarios. El señor Zaplana, como es natural, no desaprovecha la oportunidad conyugal, y le da a ésta un enfoque totalmente político, e igual que decía “Pablos” de su padre, el portavoz del PP, relata lo propio de él mismo, pero negándolo, o sea, que él no ha metido el dos de bastos para sacar el as de oros. Si hubieran entrevistado al padre del Buscón, seguro que aquél también hubiese negado la mayor. Una cosa sí está demostrada, y es que el presupuesto inicial de Terra Mítica se sobrepasó en un 30 o 40%, vamos, que como aquel que no dice nada, se excedió en miles de millones de las añoradas pesetas, y digo añoradas pesetas, porque aquí en España tenemos precios actualizados en euros, y sueldos no actualizados en rubias.
JR no disimula su amor, se nota que está enamorado... a mil leguas, diría yo; sí,sí, se nota, se nota, como mínimo, que es tan feliz en su matrimonio como lo era Aznar en el cuartel peninsular e insular del sapo iscariote.
En un discurso del jefe, es decir, de JR, que reproduce el mismo periódico el mismo día que se exhibe el hiperbólico lead antes aludido, y que aquél pronuncia porque la universidad de Tubinga le ha concedido no sé qué premio relacionado con Montaigne, antes de liarse en un batiborrillo o fango palabrero, para mi, sin interés estilístico y sí parafrásico, agradece asistencias, y cómo no, allí estaba Aznar en forma de antonomasia, y es que agradece la asistencia al acto al “penúltimo presidente”, no a Don José María Aznar, expresidente del gobierno.
Me extrañó mucho que JR no nombrara a Trashorras en su discurso, porque nos tiene a algunos de ese tal Trashorras hasta el moño, como si este personaje fuera el único protagonista de la demoledora novela negra que todos conocemos. Zaplana, en la entrevista, envuelve a Roma con Santiago atacando al SOE, pero bueno, esto, pasable, se entiende, es oposición. Lo que ya es más penoso de sufrir es cuando mezcla en su defensa atacadora, el 11M, con alguno de esos otros aspectos de la contienda política. Había que recordarle al señor Zaplana, de una vez por todas, que por muchas vueltas que le den a la masacre él y el que fuera ministro del interior del “penúltimo presidente”, siempre se les olvida que los que gobernaban eran ellos cuando aquélla se produjo. No estoy diciendo que fueran los responsables de la horrenda masacre, porque de cualquier asesinato sólo son responsables quienes lo ejecutan y lo apoyan. La lectura política es otra. “El penúltimo presidente”, queriendo meter a España en la esfera internacional como potencia de primer orden, no siendo ésta ni siquiera colmillo de gato, terminó por ser cola de león, o sea, quitamoscas del rey de los felinos. Todavía me hace gracia el viento oportuno de las Azores que espeluznaba a nuestro expresidente, quien entonces no era “ex” sino “-ente” de otro -ente más grande, pero en ningún caso presidente de una mayoría aplastante que le había dicho en la calle… ¡No a la Guerra!
Cuando se produjo el atentado en vísperas de las elecciones, que los votantes lo relacionaran con el apoyo del “presi” a la guerra de Irak, no era electoralmente correcto, cuando pasadas las horas, las pistas apuntaban al terrorismo islámico, y eso había que ocultarlo contra viento y “despeluje”. La guerra y las mentiras pagaron su precio en votos, y quién sabe, quizá fue Trashorras, y tirando de la madeja, Zapatero, en última instancia, el que estaba detrás de los atentados. Si tiramos de la madeja, hay que llegar hasta el final, porque hay pistas que indican que fueron Gonzalo de Berceo y los monjes de Santo Domingo de Silos los que están detrás de los atentados del 11M, puede que incluso tuvieran cómplices en San Millán de la Cogolla y en la desaparecida Universidad de Palencia. El PP busca un extraño milagro alegórico que le limpie la basura de su metedura de pata.
Si queremos pedirle peras al olmo, se las pidamos, aun sabiendo que como máximo sólo obtendremos una molesta nevada primaveral de pelusas blancas. Hay matrimonios, que más que de amor, se mantienen a base de concubinato y fornicación. Si JR quiere, que lo querrá, seguir ayudando en la milagrería, que siga. Sí, que continúe ayudando Ramirín desde su púlpito, pero, no creo que lo haga con la ayuda del magistrado Montaigne, ni con la mía.
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