Resulta que cuando Gorbachov quiso reformar la estructura de la Unión Soviética con la llamada “Perestroika”, se le vieron los pies de barro a aquel sistema mal llamado marxista, ya que no era ni el pueblo llano ni el pueblo en general quien se gobernaba a sí mismo, como preconizaba Marx, sino que era el Estado, detentando o usurpando el poder de dicho pueblo, en una especie de simulacro paternalista para el obrero, quien lo subyugó y lo sumió en la tiranía cuando no torturó o asesinó (a veces en vida) a muchos de sus miembros, casi siempre contestatarios. Y lo hacía, o sea, torturaba o asesinaba el estado comunista, al más puro estilo fascista. Franco se levantaba muchas mañanas y se desayunaba firmando sentencias de muerte como quien le echa de comer a las palomas. En las comisarías y en las cárceles del Franquismo lo normal era la tortura, el rebajar y el quitarle la dignidad a las personas haciéndole daño físico y psicológico, pues estaban indefensos los detenidos, y los verdugos protegidos por el Estado. “El Carnicero de los Andes”, léase Pinochet, y Videla y compañía en Argentina, arrojaban seres humanos vivos desde aviones como quien tira fardos. Antes de tirarlos les quitaban sus hijos y se los repartían como botín. Videla es de los de misa diaria, como si el zampar ostias pudiera librarlo de las infamias cometidas contra sus semejantes. La lista de atrocidades que engendra y produce una dictadura, sea del signo que sea, sería interminable. En fin, lo que dice el manual de un buen dictador, es que tiene que quitarse del medio a todo aquél que le estorbe, porque no tiene que responder ante nadie.
En todo caso el buen dictador solamente responde ante Dios o ante la Historia, o ante las dos cosas. Esto no deja de ser una ostentación rimbombante de arrogancia para un mortal acaparador, pero normal y corriente, que es lo que en definitiva somos todos, incluidos los dictadores, y las ratas, a las cuales se asemejan. Esa creencia es, por otro lado, una especie de droga espiritual o intelectual, o de ambas cosas, que se creen a pies juntillas todos los tiranos sanguinarios que en el mundo han sido. Todos se consideran imprescindibles, salvadores y justos en sus respectivas patrias.
Ahora resulta que el sistema capitalista occidental, y por ende mundial, muy democrático él, abanderado por el Tío Sam, también tiene los pies de barro y se está resquebrajando y nadie sabe o se aventura a pronosticar la profundidad de las grietas colaterales, cuanto más a hacerlo sobre la “Gran Grieta”, es decir, esclarecer el epicentro y alcance de la madre de todas la grietas. Lo que sí está claro es que la cosa es muy seria, no comparable por su gravedad a cualquier otra crisis del siglo xx, si obviamos “El crack del 29”.
Aunque el epicentro se intuye, y no es otro que aquél que está relacionado con el egoísmo de la condición humana, los responsables nunca serán juzgados, y menos condenados, es más, algunos se han largado de sus altos puestos con finiquitos millonarios a modo de premio por dejar la economía mundial en banca rota, lo que no deja de ser una grotesca e infame paradoja.
Lo gurús de la idea de que todo lo solucionaba el mercado, esos viejos archiduques que consideraban un sacrilegio el intervencionismo, acuden sin vergüenza ni rubor a meterle mano al dios mercado, cuando han sido ellos los que han mirado para otro lado ante el salvajismo desbocado del dinero rápido y fácil. Estas son, entre otras, las consecuencias de tener un presidente analfabeto en USA, que se vanagloriaba de no haber leído libros, cuando lo reflejado en los libros es el fundamento del ser humano. El hombrecillo del Despacho Oval no se percataba, por ignorancia, de lo que se estaba cociendo a su alrededor, o de los efectos de tener mucho poder, pero no saber hacer una O con un canuto.
A ver qué nuevo orden económico mundial paren los archiduques de la economía mundial. Sea el que sea, la criatura que nazca siempre va a beneficiar más al que más tiene, y de las migajas de estos empezarán a vivir de nuevo muchos. Yo sólo lo siento por los que menos tienen, y por los menos preparados, que como siempre son los más perjudicados en una sociedad de mercado que hasta ahora sólo ha sido, puro canibalismo económico, como yo ya había plasmado en algunos de mis escritos.
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