Los alcaldes hacen piña en El Maderal durante la fiesta de la Mancomunidad, donde el párroco pidió expresamente que todas las personas «encuentren un trabajo digno».
IRENE GÓMEZ. Con el debate sobre la ordenación territorial de fondo, los alcaldes de la Mancomunidad de La Guareña hicieron ayer piña en la fiesta de la agrupación de municipios que en esta ocasión ha tenido por anfitrión al pueblo de El Maderal. En un momento en el que los ayuntamientos no ganan para sobresaltos -primero se plantean las fusiones y ahora se cuestionan las mancomunidades-, ayer pareciera que espontáneamente los alcaldes quisieran reivindicarse así mismos. Prácticamente no faltaba ninguno de los quince pueblos que conforman la Mancomunidad de La Guareña -incluso se pudo ver alguno de la limítrofe comarca del Vino-, y arropados por las máximas autoridades: el presidente de la Diputación, Fernando Martínez Maíllo; la subdelegada del Gobierno, Clara San Damián; y el delegado de la Junta, Alberto Castro.
Más que una fiesta de la Mancomunidad el presidente de la Diputación -alcalde de alcaldes- prefería hablar de una fiesta de la comarca porque «lo más importante es la unión de los pueblos, con independencia de la estructura administrativa que en cada momento se configure». ¿Qué va a ser entonces de las mancomunidades cuando el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, acaba de mostrarse partidario de eliminarlas?. «Lo que está haciendo el Gobierno es una reflexión sobre el mapa territorial; una reflexión sobre las mancomunidades, sobre el peso y las características que deben tener, sobre la base de que es más importante un Ayuntamiento que una Mancomunidad. Y de que en el mapa municipal no queremos eliminar sino mantener los ayuntamientos para ser más eficaces en la prestación de servicios».
En esa defensa prioritaria de los ayuntamientos coincidió también el presidente de la Mancomunidad y alcalde de Vadillo de La Guareña, Fernando Ruiz. «Me parece un poco imposible que desaparezcamos, nosotros queremos seguir como estamos, cada uno por nuestra cuenta». O lo que es lo mismo, asociación para gestionar servicios la que se quiera, de perder la autonomía ni hablar. En todo caso en los corrillos entre los alcaldes, que también compartieron una comida en la alameda de El Maderal, se dejo sentir más la preocupación por las finanzas y los drásticos recortes de ayudas públicas que prácticamente no les permitirán realizar ni una obra.
Ni siquiera el párroco de El Maderal, Antonio Pilo (que según confesó nunca se había visto ante tanta autoridad), pudo abstraerse de la difícil situación que atraviesa la ciudadanía. En su caso pidió especialmente desde el altar «que todas las personas encuentren trabajo digno» y ensalzó ante los grandes «el don de la sencillez, de la pequeñez». Tampoco faltaron palabras hacia los vecinos, a quienes instó a a la «colaboración» y no escudarse en la «queja y la protesta fácil».
Tras la misa llegó la comida popular en una zona arbolada, que protegía algo un día insoportable de calor, plomizo. El cocinero salmantino Juan Roncero elaboró una paella con 120 kilos de arroz, otros tantos de carne y marisco regada con vino de la tierra. Un perfecto reconstituyente para el encierro de la tarde. En una comarca como La Guareña no podían faltar los toros y el Ayuntamiento de El Maderal, que preside la alcaldesa Demetria Martín, quiso satisfacer las ansias de la afición con la suelta de dos novillos por el prado. El intenso calor no pudo con los incondicionales y la gente se lo pasó de lo lindo.
|