| |
A mi mejor amigo:
Descansas, por fin, entre dos álamos, de tu azarosa vida. Mi fiel amigo. Cuántas soledades has aliviado con tu presencia!. Cuántas veces, al oirme llorar, has aullado tu mismo de forma solidaria, como para hacerme entender que no estaba sola.
Qué larga espera, horas y horas solo, para mendigar una caricia, cuando llegaba a casa. Con la pelota en la boca, esperando robarme unos minutos (que pocas veces tenía) para ti. Qué poco has recibido a cambio de tu inmensa fidelidad!. Qué gran sufrimiento tener que decidir, jugando a ser Dios, el momento de tu despedida!. No te olvidaré nunca, amigo mío. Has dejado una huella imborrable en mi vida.
Decidme: a dónde va el alma de los perros?
| |