EXPOSICIÓN fotográfica sobre EL MADERAL de Pedro Matías
Exposición fotográfica sobre El Maderal Sala C: la infancia Imágenes cedidas por Pedro Matías
 
“La Infancia” es esa única patria de “El Hombre” en la que si no se ha sido feliz, es muy fácil que no se sea nunca. De todas las formas, y sea como sea el devenir de nuestra vida, si la felicidad existe, nunca será tan completa como en esa época.

Yo recuerdo el arroyo del Caño con rayos de sol filtrados reluciendo a través de las ramas de los negrillos en las aguas cristalinas de la presa que hacíamos rodeados del canto del mirlo y otros trinos, recuerdo aquello como si hubiera estado en El Paraíso. Mi proceso nemónico recupera “Los Resbalines” y juegos como El Tirable, La Cochinita, ¿Pico, Zorro o Zaina?, entre otros muchos, igual que si hubiera viajado, arropado por la mano de Virgilio, por el mismísimo Cielo, y a veces por el mismísimo infierno con juegos como La Bigardia.

Mi infancia no recuerda juguetes de “Los Reyes Magos”, pero mi creencia en ellos era tal, que en su noche mágica, una vez, con ocho o nueve años, me levanté de la cama de madrugada para verlos aparecer en la cocina por la chimenea.

Mis juguetes me los hacía yo, porque siempre se olvidaban de mí Melchor y compañía. Recuerdo un coche que me hice: chasis de madera tenía, y ruedas de suelas de alpargata, que yo reciclé como un tesoro invalorable del que además de las ruedas para el coche, conseguí una “lancha” para jugar al Terrero. Las suelas se las había visto tirar a un tal Martín Porra, a quien por cierto le gustaban mucho la aceitunas negras, las cuales comía a la puerta de Manolo el Comerciante de un cucurucho de papel de estraza sentado en la acera. Se las vi comer muchas veces en frente de mi casa, donde yo jugaba con mi flamante coche.

Veo a los infantes de hoy con la felicidad por bandera como niños que son, felicidad que hoy en mí es ayer y que nada ni nadie le debería robar a un niño, pero eso sí, observo en lo niños actuales menos imaginación que en los de mi tiempo, a pesar de que también recuerde cómo la mayoría de los de mi época eran niños semiyunteros, y que algunos fueran yunteros del todo.

Sea como sea, la niñez es esa estancia de El Hombre en la que la sonrisa no está contaminada.

Alfonso Toribio Toribio
Año 1970 - Tres amigos Año 1969 - La mirada de Ricardo Año 1979 - Solos en casa Año 1982 - Roberto y Marta
Año 1982 - Roberto y las gallinas Año 1972 - Encarna en la calle Año 1972 - María Angeles Año 1970 - Hermanos y su perro
Año 1972 - Juegos de verano Año 1972 - Araceli lavando Año 1972 - El barreño de leche Año 1970 - Regreso al corral
Año 1970 - Burro y niños en el pilón Año 1970 - Retrato con un buen amigo Año 1972 - Sonrisas frescas Año 1972 - Niños con adulto y perro
Año 1972 - Pose con triciclo Año 1972 - Sueños de conductor Año 1988 - La magia de las ondas Año 1988 - Dibujando en la sombra
Año 1988 - Contemplando su imagen Año 1988 - Las verdes tierras en primavera Año 1988 - Experimento acuático Año 1970 - Vaquero en el prado
Año 1974 - Niña en domingo
 
inicio exposición
 

© Villa de El Maderal (Zamora) - 2002/2013 - www.elmaderal.com