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Manuel Matías Herrero
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LOS SUSPIROS DE LAS VIUDAS
Quedó mi vecina Juana
viuda de temprana edad
y la pobre suspiraba
sin poderse consolar.
Nunca quería comer
sólo quería llorar
y le decían las vecinas
Juana que vas a enfermar.
Pero ella dale que dale
suspirar y suspirar
recordando aquel amor
que dice que no olvidará.
Pero Juana no sabía
lo que le hacía llorar
si era por amor perdido
o era por nuevo galán.
Pero lo cierto es que un día
mando al vecino pasar
y cuando estaba en la alcoba
de nuevo empezó a llorar.
Al vecino le da pena
y la quiere consolar
y ella dice: “tengo miedo,
abrázame buen Colás”.
Y el hombre por compasión
con ella se ha de quedar
para espantar los fantasmas
que le viene a buscar.
Colás que es un hombre honrado
no se quiere propasar
y está pasándolas negras
por no poder desahogar.
Y Juana que le ha entendido
le abraza con tanto afán
que pobre Colás no puede
aguantar más sin pecar.
No te fíes de las viudas
aunque las veas llorar
que las lágrimas son lazos
por ver si pueden pescar.
La viuda que mucho llora
y la vaca que no come
dásela al primer postor
antes que ella te abandone.
Y aunque es un refrán procura
escuchar este consejo
no sea que llegue el cura
y caigas como un conejo.
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