|
Habrá quien piense cuando escribo Argujillo, refiriéndome a dicho pueblo como Hijo de La Luz, que le estoy dando el brillo que merece, o cuando escribo Villamor de Los Escuderos, anunciándola como Gran Villa de La Diosa Oscuridad, que mi fijación hacia ese otro lugar está envuelta en tinieblas, y sin embargo ni Argujillo es tan luminoso como indica su nombre, que se refiere a un Sol de nombre Argo, El de Los Mil Ojos de Fuego, ni Villamor de Los Escuderos es tan tenebrosa, aunque se quedase sin luz toda una noche, al pairo de su hacedora La Sabia Oscuridad, capaz de más resplandor que un millón de estrellas.
|