Lo primero que te viene al pensamiento con el vocablo Osa, es la poderosa bestia encarnada en él, quien tomó el nombre de La Divina Madre Osa, por ser su gran protección maternal la seña de identidad más desmedida, sin dejar de lado su arrojo, la Osadía, que es otro gran distintivo de La Diosa, capaz de abarcar con su divina pasión pueblos tan alejados como La Portuaria Ciudad Japonesa de Osaka o Las Dos Provincias Osetias de La Caucásica Georgia, y es que no puede haber pequeñez en la engendradora del Dios Egipcio Osiris, aunque en la tierra de los faraones la llamasen Isis, quien tiene altivos santuarios por doquier, desde El Monte Griego Ossa, que para sentir su grandeza hay que subir 1978 metros, hasta El Pico Colombiano de Oseras en La Cordillera Oriental al sur de Bogotá, mas los monjes cistercienses prefirieron un mágico lugar español, Osera en Orense, donde rezan y se hacen gigantescos como Ella, a quien honraba un poeta escocés llamado Osián en el siglo III, u once siglos antes el profeta judío Oseas, quizá sin conocer lo Grandioso de sus nombres.
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