Estaréis de acuerdo conmigo, que cuando nace un Hijo es como si se produjese la salida del Sol, con su Infancia semejante a La Refrescante Mañana, su Juventud derrochando energía cual astro abrasador del Mediodía, La Madurez reflejándose en el espejo de La Tarde, y La Vejez resignada como El Ocaso a penetrar en los oscuros misterios del Más Allá, de ahí la sabiduría de las lenguas europeas, desde el inglés, el alemán, el holandés, el polaco o el serbocroata, que al Hijo lo llaman Son, Sohn, Zoon, Syn o Sin, e incluso el vasco para quien es Seme, cuya fonética apenas deja duda de su parecido con el Sol, mas si hubiese alguna discrepancia, el danés y el noruego lo llaman Datter, El Dios Sol Tor, y el Magiar, La Madre Gia, La Madre Que Guía, La Magia, el idioma de los húngaros, al Hijo le dice Fiam, Nacido de La Madre, que es La Enigmática Tiniebla.
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