Para averiguar el nombre de una diosa primigenia, de la que a penas se conoce nada, ni siquiera la ancestral cultura a la que pertenecía y por quién fue honrada y encumbrada, escojo uno de los días de la semana, el que es considerado más sagrado por los judíos y en francés se dice Samedi, La Diosa Sama, que lleva el nombre de Sol, Sam, y también el de Ama, Madre o Amor, luego hago un recorrido por los vestigios que ha dejado, como en La Española Villa Lucense de Samos, donde se eleva un monasterio del siglo VIII, seguramente sobre un santuario de la diosa; los griegos dirán que ellos la adoraron primero, y La Isla de Samos del Mar Egeo así lo atestigua, mas los Samoyedos, que habitan las costas del Mar Blanco al Norte de Rusia y en el Norte de Siberia, la reivindicarán para sí, incluso los perros de ese nombre se sentirían ofendidos si no se les tuviera en cuenta, y así hasta El Archipiélago Volcánico Polinesio de Samoa, pasando por La Samba, el baile brasileño de origen africano inspirado por La Diosa Sama, o el Sambenito que le cuelgan en el corazón a algunas personas, y que no es ningún santo, sino un estigma de La Maravillosa Divinidad Solar, que hiere con su poderosa espiritualidad, la luz que emana del alma de seres mágicos y en Centroamérica se llama Samuro, a quien también se le dice Aura, o sea Agua, en fin, preguntad a los Samurais si han oido hablar de diosa tan magnífica y os dirán que no, aunque ellos la lleven prendida en sus entrañas.
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