Los instrumentos no suenan porque guarden los misteriosos sonidos dentro, sino porque el músico les obliga a metamorfosear los que él posee, y así los dota de alma, como hace el escultor con la piedra inanimada, o el pintor con los colores a los que da la combinación necesaria, porque todo ese arte lo lleva la persona en su corazón, y utiliza una Guitarra, alumbrada por sus manos, cual Torre de Agua para expresarlo, un Cincel, como si blandiera La Cima del Cielo sobre la roca, o un Pincel, cual Cabeza Celestial, dispuesto a competir con El Coloreado Universo.
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