Clama El Cielo al ver que algunas personas se han enfrascado en la defensa de la vida de los animales, cual si su grandeza espiritual las desbordase, convertidas en santones decididos a preservar que haya más moscas que seres humanos, mientras a sus semejantes se les crucifica en el umbral de Este Mundo, sin que muevan un dedo por evitarlo, situándose del lado de los insensatos Verdugos, Vértigos del Agua o Verdades Ahogadas, que incapaces de comprender su gran error, amontonan incipientes cadáveres en sus conciencias, como si pretendiesen ganar a toda prisa un horrible reino para sus corazones.
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