Siendo cierto que hubo una divinidad llamada Ilumno a ambos lados de Los Pirineos, con los ojos cual mediterráneos soles y los labios como fresones de Lepe, es lógico pensar que Iluminó los corazones ibéricos, como lo haría con el resto de Europa, incluidos noruegos y daneses, que comparten Illuminere con El Dios Bel, Belyse, a quien se arriman en exclusiva los germanos, que dicen Beleuchten, cuando sienten dicha Iluminación, Luz de la que carecen los gerifaltes del idioma español, que una vez más se abrazan a los romanos, como si fueran los únicos poseídos por El Magnífico Dios Ilumno.
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