Se ha dado el suceso en días de tormenta, que un rayo ha entrado en una casa por la chimenea y ha salido por la puerta, por eso es costumbre en El Maderal cubrir los espejos y dejar al menos alguna puerta o ventana abiertas, para que el rayo no se entretenga vanagloriándose de su endemoniado fulgor y desaparezca cuanto antes. Ni Triana ni Pilatos tienen algo que ver en esto, son las estrellas quienes lanzan sus puntas, que luego les vuelven a crecer, y tan reprochable comportamiento es debido a que riñen entre ellas por vanidad, arrancándose sus relampagueantes brazos, mientras se maldicen y se golpean, cual si en El Cielo se hubiera desencadenado una terrible batalla.
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