Platón frecuentaba los encantos de Arquenasia y de Calicreta, que también era visitada a menudo por el poeta de los placeres de la buena comida y del buen vino Anacreonte; Lamia hacía sonar la flauta con gran maestría en orgías y fiestas atenienses; Thais fue agasajada con el oro de Alejandro Magno; Cinara arruinó las propiedades de los poetas latinos Horacio y Propercio, y La Magdalena tuvo a merced de sus artes amatorias a Jesucristo, aunque terminó sometiéndose a la sabiduría y la magia del Maravilloso Dios.
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