Los que se empeñan a través de los siglos en oscurecer las mentes de las personas, impidiéndoles que piensen y se hagan grandes, prendieron fuego al Mediodía Francés en el siglo trece, comenzando a arder en mil doscientos nueve La Ciudad de Béziers, donde murieron sus veinte mil habitantes, asesinados sin piedad el veintidós del séptimo mes, El Día de La Magdalena; exterminio que concluiría años después, el dieciséis de Marzo de mil doscientos cuarenta y cuatro, cuando el último reducto de aquellos santos llamados cátaros o puros, el castillo pirenaico de Monségur, fue asaltado y sus trescientos moradores arrojados a la hoguera, llegando así a completarse una masacre de un millón de muertos en treinta y cinco años de cruzada cristiana, ordenada por El Papa Inocencio Tercero, donde abades y obispos vestían destellantes armaduras, al mando de ingentes tropas de monjes y sacerdotes, con la única idea de aniquilar a sus hermanos de religión, que habían decidido extraer de las bibliotecas de los monasterios La Secreta Sabiduría y extenderla por El Sur de Francia.
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