Si las palabras tienen su equivalencia en piedras, según la valía de los sentimientos que
expresan, cuando alguien exalta la belleza de tu alma y de tu cuerpo, está honrándote con
un diamante blanco, la más pura y la más brillante de todas las gemas, y si lo que hace
es recrearse en tus angustias y tus pesadillas, entonces está obsequiándote con algo
horrible, mas no hay una piedra capaz de parecerse a dichos sentimientos, pues ni
siquiera el canto de un arroyo o el que todo el mundo pisa y da patadas, alcanza bajeza
tan pobre.
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