RETORNO A LA POESÍA por Dominic
Retorno a la poesía
  RELATO CORTO (VII)  

Elena esperaba la fiesta de la “Madalena” con ilusión. Era la ocasión de estrenar un vestido, aunque a veces era simplemente un “apaño” del que le había quedado pequeño a su hermana, pero no le importaba. También le gustaba el bullicio que se armaba con tanta gente invitada (o no). Ese día aprovechaban los tragaldabas para auto-invitarse a echar una pinta y catar la limonada típica.
Decía con frecuencia el señor Sebastián:

- Cagüendiez!, qué ganao!. Invitas a uno y se traen tres o cuatro al retortero!. Y no se conforman con una miaja!. Les dices: anda, majo, toma un cacho! Y se te llevan media cazuela!. Unos buenos verdiascazos daría yo a más de uno...

Menos mal que ese día había condumio de sobra. La madre de Elena hacía arroz con conejo, aceitunas, huevo y más cosas y luego pepitoria. Aún recuerda aquel sabor que nunca más ha vuelto a saborear. A Elena no le gustaba que su madre hiciera pepitoria porque sabía que había caído alguna gallina vieja que ya no ponía huevos y le daba pena.
En la fiesta siempre había alguna pelea, generalmente después de “darle” a la limonada. Más de uno recibía un buen encalcón por pasarse, o salía con un ojo a la virulé.

- Osús, qué estropicio!, decía una buena señora después de la pelea.
- Me han roto el palanganero!. Y me han dejao to revuelto!. Vaya revolcón que le ha dao!. Tiene el traje to manchao de gallinaza!.

El ganador de la pelea, se iba todo pincho, a gallear a otro sitio.

A veces, mientras los demás estaban en los toros, Elena iba a la huerta a ver si habían engordado las manzanas y cogía una que, aunque verrondia aún, le encantaba el sabor ácido. Más de una vez, en lugar de una manzana, lo que sacaba de la huerta era un buen borrunchón. Había muchos mosquitos.

Elena recuerda cuando iba Rambal, el señor del cine. Era todo un acontecimiento. Había que llevar la silla. Cuando era una historia de catre y había algún beso, Rambal ponía su mano delante del proyector y no se veía el beso. El público protestaba, pero daba igual.

A veces iba a ver a sus hermanos cómo jugaban a la pelota a mano, en la pared de la iglesia. Le gustaba oír el restrallido de la pelota contra la pared. Le decían:

- Quita de ahí emplasto!, que te van a sacar un ojo con la pelota!

Y Elena se iba al prado a dar pinetas, que le encantaba, o a comer acederas. Si hacía mucho calor, le entraba la galvana y se tumbaba boca arriba para observar las nubes.

Elena está recordando las anécdotas de su hermana, que era un diablejo. Había en un pueblo vecino un personaje al que llamaban “culo de madera”. Era la fiesta del pueblo y estaba bailando el personaje con su pareja. La hermana de Elena, sin pensárselo mucho, se acercó a él y le dio un peñizco en el culo. Se volvió sorprendido y dijo:.

- Niña, pero qué haces?

Y la hermana de Elena echó a correr y al llegar al lado de su abuela le dijo:

- Abuela, no es verdad, no tiene el culo de madera, es de carne.

La abuela y sus amigas se desternillaban de la risa.

Era tan tozuda, que cuando no quería comer, que era casi siempre, se negaba en redondo.
El padre le decía:

- Come, a la una… (como seguía sin abrir la boca…)
- Come, a las dos … (y seguía igual…)
- Come, a las…

Y antes de terminar la frase su padre, se ponía a comer como una descosida.. Sabía que, cuando ella se ponía modorra, y su padre se embrasinaba, cogía el cinturón y zurriagazo va y viene.

Qué tiempos tan duros!, piensa Elena...
Aunque bien pensado, no eran tan duros si los comparas con el momento actual. Han cambiado muchas cosas. Son otras las prioridades. Se ha perdido el respeto y la cultura del esfuerzo. Se quiere conseguir todo y en poco tiempo y si es posible sin esforzarse demasiado y sin comprometerse a nada. Y muchas veces, arrasando a quien sea.
Espero que después de esta crisis saquemos alguna buena conclusión de todo esto. Creo que aún es posible cambiar esta sociedad tan consumista por otra que tenga en cuenta otros valores digamos más espirituales. No olvidemos que el ser humano es materia, si, pero también alma.
Dominic
Julio de 2010

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