RETORNO A LA POESÍA por Dominic
Retorno a la poesía
  RELATO CORTO (VI)  

Cuando Elena recuerda las andanzas de su hermana, algo mayor que ella, la complicidad impuesta, bajo amenaza de peñizcos, u otras cosas peores, se ríe de los apuros que entonces le hacía pasar.
Un día de los que se reviraba, como pasaba a menudo, estaba enfurruñada por algo y soltó lo de siempre:

- Pos ara no como!

Y hacía caso omiso a las advertencias de los padres. A veces, deponía su actitud al ver la hebilla del cinturón de su padre cerca de sus nalgas, pero ese día salió de la casa y, literalmente, desapareció.
Por entonces, Elena estaba enferma en cama con bastante fiebre, pero a pesar de su mente nebulosa y sus seis años, se dio cuenta que su hermana se había metido debajo de su cama. Se asomó como pudo y se encontró con la amenaza:

- Pobre de ti que digas algo!

Y Elena, chitón.
Se le buscó por todas partes, sin resultado, tanto en el pueblo como en las afueras. Se tocaron las campanas y todos los vecinos la buscaron. Nada. Hasta que, bien entrada la noche, se le ocurre a otro hermano mirar debajo de la cama… y allí estaba, tiritando de frío y de miedo, como un conejillo asustado. Ni qué decir tiene que se llevó su castigo.

Otro día se le ocurrió otra de sus grandes ideas. Le dijo a Elena:

- Vamos a hacer una cosa: ponte el delantal y mete algunas piedras dentro. Luego vamos a coger manzanas (ajenas, claro). Coge todas las que puedas mientras yo vigilo. Si viene alguien, silbo y tú empiezas a tirar las piedras, de una en una, del delantal. Así creerán que todo lo que llevas son piedras y no manzanas.

Elena no sabe por qué razón le hizo caso. Todo iba bien, por el momento. Pero acertó a pasar por allí una persona que no se creyó en absoluto la añagaza y fue directamente a chivarse a la madre (cosa que le valió el mote vitalicio de acusica y cosas peores), con el consiguiente disgusto de ésta y el castigo posterior.

La hermana de Elena era tremenda.

Otra vez se fue con sus amigas a comer sandía al campo de una de ellas. Comieron hasta hartarse. Y cuando ya estaban a reventar, vieron venir a un toro, que se había escapado del pueblo vecino, a galope tendido, a degüello hacia ellas, seguido de dos hombres del pueblo a caballo, dando voces para advertirlas. La hermana de Elena se subió como una ardilla al primer árbol que vio, a pesar de la oposición de su estómago, repleto de sandía.
La amiga no sabía trepar y al verse perdida, decía:

- Que me tiro al pozo!, que me tiro al pozo!

Menos mal que en ese momento la cogió al vuelo un caballero y la montó como pudo a la grupa, burlando así al toro, que iba derecho a ella con malas intenciones.
Ese episodio lo supimos bastante después, porque ella no lo contó.

Cuando era muy pequeña, quizá cuatro o cinco años, vio que su tío estaba haciendo una tortilla de patata, que por el olor y el aspecto debía de estar de miedo y le dijo:

- Tío, cuando esté hecha la tortilla, me dará un cacho?

Y el tío le contesta:

- Quiá, esta es pa mí y pal Tito!

Ante el egoísimo de su tío, que prefería compartir la tortilla con su perro, esperó a que saliera de la casa un momento, se coló en la cocina y echó ceniza en la tortilla, cubriéndola toda. Cuando el tío regresó a degustar su deliciosa tortilla, se encontró con el marrón.

- María, María!, sabes lo que me ha hecho tu hijita?. Como la pille le hago una cara nueva!

Chillaba el pobre hombre, todo embrasinado.

Como veis, la hermana de Elena era todo un poema.
Ahora se ríen las dos recordando todo esto.
Dominic
Julio de 2009

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