RETORNO A LA POESÍA por Dominic
Retorno a la poesía
  RELATO CORTO (I)  
(Aprovechando casi todas las palabras del habla maderalina que he recopilado, gracias a esta página, he confeccionado un relato, que os mando a continuación)

Era primavera. Elena estaba tumbada boca arriba en el verde prado, rodeada de florecillas, observando las nubes, blancos cúmulos con extrañas formas. Recordaba cuando era niña en este mismo lugar, hacía muchos años... Observaba las nubes intentando identificar figuras de animales. De vez en cuando bajaba a la tierra, rompía su ensoñación y echaba una ojeada rápida a las vacas que estaba cuidando. “Bien, están paciendo tranquilamente”. A veces se dejaba llevar por su imaginación y olvidaba completamente su cometido. Las vacas se habían ido a un sembrado vecino y habían hecho estragos. En esas ocasiones se preparaba mentalmente para la reprimenda. No quería que le pasara lo que a su amiguita, cuyo padre le recriminaba duramente:

- Eres una esprovechá, que no sirve pa ná. Como coja una verdiasca, te muelo a palos!

Elena recordaba retazos de su niñez. Ratos buenos y ratos malos. Recordaba la época de los mondongos, cuando ella se tapaba con todas las mantas que podía para no oír chillar durante horas al pobre cerdo. Luego se acurrucaba al lado de la lumbre, junto al morillo, mirando los rechizos, oyendo chisporrotear la corteza del pino al quemarse. Con la badila escarbaba la lumbre y seguía la evolución de las morceñas, hasta casi chamuscarse las cejas.
En el verano tenía que trillar. Dar vueltas y vueltas por la parva y mirando continuamente el culo de las vacas. Si alguna levantaba el rabo, tenía que ir corriendo con la herrada para que no cayera entre el trigo. Si alguna vez pasaba, tenía que manejar las vacas, para que no lo pisaran:

- Tesa, Gitana, tesa, Ligera!,

Y tirando de las coyundas, para que el padre no se diera cuenta, de lo contrario:

- Mira que eres modorra!, te he dicho mil veces...
- Estás convirtiendo la parva en un mudaral!

Cuando iba a llevar el almuerzo a las tierras, sacaba la burra, se subía a ella escarranchada y se agarraba a la crin, cuidando de no caerse como aquella vez que su hermana le puso un cardo a la burra debajo del rabo y al alzar las ancas, la pobre Elena se deslizó por delante de las orejas y cayó en una trinidera y se dio un camporrazo de mucho cuidado. Intentó darle un peñizco a su hermana, pero sabía muchas aleluyas. Su hermana era increíble. Siempre estaba armando jera, pero era muy escurridiza y no la cogían nunca in fraganti.

A Elena le gustaba subir al sobrao. A veces se empollorincaba a una escalera vieja y cogía a escondidas la piedralipe. Le intrigaba mucho ese trocito de roca azul. Hasta en alguna ocasión, la lambió, como decían antes, haciendo honor al mote que le decía su hermano:

- Eres una lambrucia, te comes el arroz con leche, pero no las lentejas, ni siquiera el compango.

Pero en esa ocasión, se tuvo que lavar la boca. Después la dejó la piedra en su sitio, para no arriesgarse a una azotaina.
También gustaba Elena de ir a la josa a comer cascabelillos. Su madre le reñía:

- Pero si están verrondios!, los vas a esbaratar!. Anda, avíate y tráeme una carda, me ayudarás con las vacas y así verás al biche, que tanto te gusta.

Elena obedecía, aunque rezongando por lo bajo. Ahora le tocaba a su hermano:

- Ven aquí, bausán, no te he dicho que fueras a alumbrar la viña?. Mira que eres mostagán. Se está bien a la obrigada, eh?. En acabando lo que estoy haciendo, como te vea aún aquí te daré una panadera, a ver si así se te quita la cancamurria de una vez.

Elena recuerda cuando venía una tía lejana llamada Nicasia. No le gustaba porque siempre la estruchaba y le hacía cosquiñas con los pelos del lunar, aunque a veces le traía alguna chupalandrina. Venía a peto desde lejos para echar un parlao con su prima. En verdad es que era una cazotona de mucho cuidado.

- Vaya atropo casa que tienes, prima!. La mi casa está siempre ordenada. Como no tengo hijos, mi vida es una aburrición y limpio to el día.
- Chacho, ven paca (le decía a su primo) y prueba este moje que he traído. Me trajon la receta unos amigos. Le he puesto oríégano. Vamos a hacer unos muertos, en el borrajo de la lumbre y con este moje nos chuparemos los dedos.

- Aghss! Está como un perro!. Por tragarlo rápido, casi me añusgo!. Anda, vacia esto en el fuego y trae una rodilla pa limpiarme y dame un cacho pan pa que se me pase.

El padre de Elena se sentó en el poyo y encendió la arradio.

- La próxima vez que vengas, iremos a ñáñaros detrás de aquel teso.

La tia Nicasia se rió tanto, que se quedó aforrajada.

- Qué jodío eres! Esa ya me la sé. Lo que quiero ir es a nícalos y traer un cuévano con cogüelmo, que el año pasado fui al monte y me quedé arrecida de frío. Me dijon que había muchos y solo llené un craco y encima me atollé en el barro, entre los matojos. Me costó llegar a donde tenía el hato. Me voy, que espero al albañil pa arreglarme el corral, que se arroñó el otro día. Me das un poco de ese sumarro que veo ahí?. Tengo ganas de comer algo de momio, que hace mucho que no como de eso.

- Vete a hozar un camino!, le contestó él. Cuando me ayudes a coger garrobas, acambizar, o cojas la brienda, entonces...

- Jo, majo, es que estoy aparranada, tengo una galvana que no puedo con mi alma.

Por fin se fue la tía Nicasia.

(continuará...)
Dominic
24 de octubre de 2008

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