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La melancolía me invade. Es como una especie de tristeza alegre, difícil de definir. Cuando estoy en este estado, mis pensamientos vuelan como mariposas… y se posan fugazmente en un recuerdo. Puede ser un leve retazo de mi niñez. Puede ser una vivencia, intensa entonces, pero pasada por el tamiz de los recuerdos.
Reposo, indolente, en el sofá, y de vez en cuando miro a través del cristal de la ventana cómo cae suavemente la lluvia. Mi alma está como a la espera. Quizá espera algún acontecimiento que la rescate de ese letargo. Quizá desea permanecer en ese remanso durante un tiempo, para conseguir el sosiego… la paz…que no llegan.
Es como si dejara abierta una puerta a sensaciones desconocidas, suaves y reconfortantes. Estoy lejos de la vorágine, del tumulto, de las prisas… No deseo rescatar el ajetreo de la vida diaria, pendiente del reloj, esforzándome por agradar a los demás, robando tiempo al descanso para trabajar mas, producir más, ganar más… Basta!
Dejadme un tiempo inmersa en mi misma. Intento no pensar. No quiero analizarme más. Estoy exhausta. Intento dirigir mi mente a la nada, al vacío, para descargar todas mis emociones en algún lugar y renacer de nuevo… Quiero pasar mi alma por un crisol, para filtrar el lastre y quedarme con la parte más liviana.
Sé que esta melancolía es pasajera. Y sé que cuando se aleje, volveré a mi vida de siempre, pero mientras tanto… dejadme tranquila, sorbiendo mis lágrimas dulces que dejan mi ser algo más ligero.
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