LETRAS DE ALFONSO de Alfonso Toribio
Letras de Alfonso
TRES POEMAS DE AMOR Y DOS GRITOS EN LA CAVERNA
 
Eras tan dulce
   ¡Eras tan difícil y tan dulce!
   
   Tenías la alegría en los ojos
   y la pasión en la piel.
   
   Yo era esclavo de tus labios
   y un peregrino por tus senos.
   
   Me gustaba escuchar tu silencio
   en la caricia de tu deseo.
   
   Adoraba cuando caminabas
   por el borde de mi alegría,
   en aquellas noches de agosto,
   con ésa tu preciosa estrella.
   
   Eras tan dulce entonces,
   que mi recuerdo te guarda
   por encima de tu ausencia,
   y del tiempo que la vela.
   
   Si la nostalgia tiene morada,
   buscadla en el fondo de mi alma,
   porque ella se fue una tarde,
   y con ella, el cielo de su mirada.
 
Ausencia
(Culto al Romanticismo)
   Puedo pensar que estás lejos
   y que esa distancia me mata.
   Dando vueltas en mi ser
   me encuentro sin esperanzas.
   Vago por derruidos monasterios,
   sin mi corazón, sin mi yo, sin nada.
   Allí me veo entre muertos
   que no tienen carne en la cara.
   
   Quisiera vencer esta cárcel,
   pero me pregunto con qué armas.
   No quiere dejarme la tristeza,
   no quiere salir de donde está anclada,
   con mi parto vino a este mundo
   y con mi muerte se irá en la caja.
   
   Mas por ti lucharé una y mil veces,
   por ti afilaré cada día mis garras
   y buscaré salir de este pozo incierto
   el más hermoso alba de las mañanas.
 
Fuente Morena
(Culto al Modernismo)
   Esta tarde,
   cielo gris, de la hoy altura plomiza,
   cristal asardinado ahora.
   
   Tú iluminas, cielo gris, el rojo recuerdo,
   donde un día, o un tiempo de rosas,
   brilló polícromo diamante,
   de alondras lleno,
   primaveral vertiente de sueños y cinturas cantoras,
   cual áurea góndola, tranquila irisada,
   que se meciera en nana infinita.
   
   Divina eras ¡oh reina cielo azul
   con mil océanos interiores!
   ¡oh enjambre melódico y salvaje,
   en dulcísimos panales derramado!
   
   Yo dije siempre que eras un racimo vivo,
   que andabas por el fuego ardiendo,
   consumiéndote dorada y sin quemarte,
   y quemando,
   los oros de tus ojos miraban
   como quien mira un sueño.
   
   Digo, esta tarde,
   soberano pasajero de la vida,
   que no había nada,
   nada como las chispas de tus pupilas
   cuando me miraban desde su dulce llama enamorada.
 
Al poderoso
   Dejad ya de prenderle
   fuego a la mar,
   de amamantar
   al monstruo del odio.
   Dejad al Hombre,
   en su pena, penar.
   Dejadlo solo,
   solo en su calvario,
   en su esqueleto de existencia
   ardua y constante,
   peregrina de la nada,
   reina de la esperanza.
   
   Que el Hombre respire
   en su sola sustancia mortal,
   sin la atadura de vuestra voz insomne.
   Dejad al Hombre en paz,
   en la paz sonora de su solo cordaje,
   límpido, con su amor o su ira.
   Por su caverna eterna,
   permitid que el Hombre camine.
   Permitidle reír o llorar
   lejos de vuestras guerras santas,
   lejos de vuestras muertas ansias.
   En su desplegada estatua de carne y sueño,
   dejadlo libre o preso en su tela de araña,
   a la vera de su cielo
   o a la vera de su infierno.
 
Soy y quiero
(Artificio)
   Estera sin sudario,
   canto vivaz de ave,
   fogonazo de nieve,
   y en ancho desierto
   hielo en las sienes.
   
   Quiero tener en verso
   el alma del sendero,
   la luz en la noche,
   y del día, el sueño.
   
   Poseer con palabras
   la esperanza abierta
   con el beso primero.
   
   ¡Que venga a mi pluma
   la voz que se desnuda!
   
   ¡Vivir sólo en un verso!
Alfonso Toribio
Septiembre 2009

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