| Una de hampones y zampones |
Pintan bastos, impotencia y vergüenza a cuenta del puto oro. Lo que más gracia me hace es que los que nos han llevado a esta situación, léase los brókers de la Gran Manzana, piensan repartirse 163.000 millones de dólares próximamente. Algunos de esos brókers pertenecen a bancos rescatados de la quiebra por el contribuyente americano. El refrán que dice “Del agua escaldada huye el gato” no va con estos tipos. Sin embargo, lo peor resulta de que sean un clan, tan poderoso caballero, que nos siguen tocando los cojones a todos sin que se pueda hacer nada. Parece ser que son intocables… y desalmados, ¿Qué le importa a esa calaña de rateros toda esa gente que han arruinado y mandado al paro? Ellos llenaron sus bolsillos antes, y ahora, como riéndose en nuestra propia cara, se los vuelven a llenar sin que haya Dios que los llame al orden.
El coto deberían haberlo puesto los políticos, pero mucho tiempo antes de que estallara la crisis. Obama lo intentó después, pero no pudo, porque el rico es muy poderoso allí, quiere más y su saco no tiene fondo. Su egoísmo desmedido tiene poco de cristiano, aunque se da la paradoja de que son ellos, los ricachones, los que más defienden ese tipo de tradiciones. ¡Cómo me alegraría de que lo del camello y el agujero de la aguja fuera cierto! Pero mucho me temo que, como ya dijera Nietzsche, Dios haya muerto, y yo añado que Jesucristo está desaparecido, y que eso que predicaba de ayudar al pobre ha calado poco, en los cristianos ricos sobretodo, quienes por otro lado son los que más lo podían ayudar.
En fin, como siempre ocurre, en esta u otra crisis, siempre la pagamos los mismos, pero lo que resulta peor y duele más, es que además de quitarnos la comida y el salario, los cabrones de los brókers, nos caguen en el morral y se sigan riendo de nosotros sin que nadie se atreva a mandarlos a la guillotina del ostracismo o al menos de la mesura.
Pues que continúen especulando esos tarambanas, sin darse cuenta que no es más rico el más y más tiene, sino quien se conforma con lo poco que posee y sigue su camino, en definitiva, por el mismo río que el del rico, hacia la mar, que es el morir, donde todos son iguales, “los que viven por sus manos, e los ricos”.
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Alfonso Toribio 15 de octubre de 2010 |
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