| ELEGÍAS |
| |
| Lacrimales secos |
Ante el soplo de vaivén del incienso,
y mientras el agua lloraba fuera,
no había ya lágrimas en mis ojos,
secos de verte secar,
¡tanto tiempo!
Ante la madera barnizada del árbol robusto que fuiste,
me mantuve turbio con dolor inmenso,
sin poder ver una hoja verde,
ni un brote siquiera,
de tu primavera efímera.
Tantos ojos tuve, para llorarte
mientras te veía decrecer tan pronto
en tu dolor impotente,
que había derretido los hielos de los polos
y una oscura musa de témpano constante
se asoció conmigo para siempre.
|
| |
| A Toyano |
Se completan los círculos de la vida humana como
converge el viento en su inmemorial grito errante,
pues sólo el hálito frío de la muerte
cierra las apasionadas horas donde
los sueños cantaron el amoroso quehacer cotidiano
de la existencia.
Fue cotidiana, hermana y hermosa la era,
con su pimiento frito y su polvo insoportable,
y la fuentita un mágico pergamino cifrado fue,
límpido, generoso y cándido en la ternura de los días
que troquelaba un sol inmisericorde.
Colgaban como alhajas las robadas espigas del bálago
del acarreo
por el pasadizo vergel de entre las tupidas ramas
de la Alameda del Paseo y el arroyuelo.
Había en las viñas de enero
un amanecido párpado
de escarcha y lágrima;
una niebla de futuro sol radiantemente amigo
en la poda había.
Sonaba el latigoso latido de los aspersores
en el atardecer del verano
como divino paraíso son
de una promesa perfecta.
...Y ahora,
anda suicidándose la era,
y aquella brisa de agua agitada,
y el pimiento y el tomate,
lloran vinagre de azufre,
pero yo, hermano,
levanto tu recuerdo luchador
por encima del poderoso alfanje
que te degolló inmisericorde,
recuerdo poblado de florecidos frutos
que el viento escribirá en su errante grito.
|
| |
| El beso del tiempo |
Tuvo tu nacimiento
el orden trágico del viento,
la esfera violada de la veleta,
y la madera, impetuoso sastre de alameda,
crepitó olas de tierra oceánica muerta,
pues los pajarillos, sin rumbo,
moribundos en un paraíso acrisolado,
sin sol ni agua del corazón,
batieron las alas por las entrañas áridas
de las vigas verdes,
como nervios ciáticos presionados,
como carcoma prematura,
como horroroso dolor en el vientecillo
de las copas
de los árboles.
¡Pero nadie supo ni sabrá nunca nada!
Abundaba el espejo
con su ilusión de junio perfecto en la retina
y un barquillo velero había, que era pura magia
donde tender
la impetuosa vida
plácidamente;
vida que danzaba, como luz de precioso cielo azul
recién peinado, al albor de una agua fresca y límpida
(era entonces) por el arroyuelo de la alameda querida …,
aunque el aire, infestado de tábanos rojos,
desdibujaba los labios acartonados y cercenados
y arrodillados
cerro a cerro y carro a carro de bálago
para el pan blanco y escaso,
sin canción ni poeta.
Se decía, con el verso y su palabra,
que el sol abrasaba con cruzadas eses incandescentes,
y era cierto,
pues tuvo tu nacimiento en abril
el orden trágico del viento traidor de julio,
como también
existe la certeza
de que los espejos nos devolverán a todos
las hojas perennes del árbol del olvido
con que nos cubrirá la muerte,
y las latas, acabarán, como siempre,
piando sin rumbo nuestro sarro anidado…
Cantarán, las latas
de sardinillas, y los botes
de melocotón en almíbar,
el anegado silencio metálico
|
Alfonso Toribio Noviembre 2010 |
|